El Día de las Infancias en un contexto de crisis nacional: "Comodoro está pasando una situación compleja de desempleo y vaciamiento de políticas públicas" En el marco del Día de las infancias -devuelto recientemente a su denominación "Día del Niño" por decisión del presidente Javier Milei- se reabren los debates en torno a los derechos de niños y niñas, hoy en jaque. La directora de la Oficina de Derechos y Garantías de la Niñez, Adolescencia y Familia de Comodoro Rivadavia, Natalia Castro, dialogó con El Extremo Sur sobre los desafíos de la articulación institucional ante las diversas vulneraciones que sufre este sector de la población. Castro habló de las múltiples problemáticas que atraviesan a las infancias, en un contexto signado por la crisis y la violencia: "Hoy tenemos configuraciones familiares que tienen todo un abanico de vulneración de derechos en la misma situación; esa multiplicidad hace que las instituciones primero no estén dando respuesta o la respuesta que se dé es mínima y la complejidad nos hace actuar sobre lo urgente y no sobre la problemática de fondo".
Cambio de paradigma
"Antes en la semana teníamos una situación compleja cada tanto, hoy diariamente tenemos más de cinco situaciones que nos hacen decir ¿qué respuesta le damos? ¿Cómo priorizamos una vulneración sobre otra? No se está llegando a dar una respuesta integral porque las problemáticas están cada vez más complejas", advierte Natalia Castro, directora de la Oficina de Derechos y Garantías de la Niñez, Adolescencia y Familia de Comodoro Rivadavia.
En este sentido, se refiere a la necesidad de fortalecer la sistematización y el seguimiento de casos: "La idea es tener otros datos, registros de otras instituciones, tener un observatorio de estas situaciones de vulneración de derechos, que nosotros lo vemos a diario, pero es necesario que las políticas públicas puedan tener datos concretos".
La coyuntura local se inscribe en un panorama nacional que Castro vincula a un retroceso tanto presupuestario como discursivo. El ejemplo más claro es el Decreto 562 publicado recientemente por el gobierno de Javier Milei que modifica la denominación "Día de las Infancias" a "Día del Niño". La decisión, lejos de ser superficial, refleja el paulatino cambio de paradigma sobre las infancias que caracteriza a la actual gestión.
Teniendo en cuenta las vulneraciones específicas contra las infancias y el contexto socioeconómico que se vive hoy en Comodoro Rivadavia, ¿cómo analizás la situación de los niños y niñas en relación al cumplimiento de sus derechos?
Hay muchos atravesamientos de la complejidad social que estamos viendo, donde hay preocupaciones de adultos de llegar a fin de mes, de a ver qué le doy de comer a mi hijo, violencias en sus múltiples manifestaciones y obviamente todos estos atravesamientos repercuten directamente en las infancias. Comodoro Rivadavia particularmente está vivenciando una situación muy compleja desde el desempleo, desde el vaciamiento de un montón de políticas públicas. Lamentablemente el panorama no es muy muy alentador. Sí creo que es necesario en estos contextos, sobre todo de tanta fragilidad y de tanta incertidumbre, preservar a las niñeces en este sentido, y en el marco del Día de las Infancias volver a lo genuino, al momento, a tratar de hacer un paréntesis entre tanta preocupación y tanto atravesamiento de incertidumbre para también explicarle a los niños y niñas lo que se está viviendo, porque no están aislados en una burbuja, son parte, lo ven, conocen, más allá de las distintas edades. Entonces, en este día no pensar tanto en si llego a comprarle o no un juguete, sino hacerle pasar un día de reflexión, un momento de calidad, un espacio de escucha y de juego.
¿Qué tipo de casos son los que reciben con más frecuencia en la Oficina?
En lo personal lo que me está preocupando mucho es la violencia digital, que muchas veces también se inicia por parte de los mismos progenitores. Esto de filmar, de sacar fotos, la necesidad de reproducir cómo está mi hijo y si le están haciendo algo y si le gritaron, si llora y lo que está generando la masividad de las redes sociales y la exposición de las niñeces es que se pierde de vista el resguardo de su derecho, de su intimidad. El entrecruzamiento de la violencia digital es un exacerbante del cual no estamos siendo conscientes, ni hablar el acceso a las pantallas a temprana edad, pero todo lo conexo de las nuevas tecnologías y de la exposición de más, de aspectos que tendrían que quedar preservados es algo que realmente nos preocupa. También está el entrecruzamiento la violencia en sus distintas manifestaciones familiares, el consumo problemático, es algo que estamos viendo hoy en la región como aspectos muy complejos, también con el atravesamiento de la salud mental y de la poca respuesta que hay para estas complejidades. No se está llegando a dar una respuesta integral porque las problemáticas están cada vez más complejas.
¿Hay cifras concretas respecto a la cantidad de situaciones que atiende hoy la Oficina?
En la Oficina tenemos un sistema donde alguien viene por un asesoramiento y por ahí en la entrevista sale un sinfín de situaciones problemáticas. Entonces antes tenías por ahí una situación de alguien que venía por un asesoramiento de vivienda precaria, por el acceso a una cobertura de obra social y hoy vemos que está el entrecruzamiento del consumo problemático, de la violencia intrafamiliar. Estamos trabajando mucho en relación a la Oficina, que coordina la Mesa Intersectorial para el Abordaje de las Violencias Sexuales contra Niños, Niñas y Adolescentes, y en ese marco se firmó un convenio con la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco que nos permite articular con distintas facultades para, justamente, empezar a tener cifras más certeras más allá de las denuncias policiales. La idea es tener otros datos, registros de otras instituciones, tener un observatorio de estas situaciones de vulneración de derechos, que nosotros lo vemos a diario, pero es necesario que las políticas públicas puedan tener datos concretos en relación a estas problemáticas.
Crisis, violencia y discursos de odio
Mencionabas la violencia sexual, por ejemplo, que constituye uno de los delitos con mayor tendencia al subregistro. ¿Las cifras pueden dar cuenta de la pluralidad y la magnitud de la vulneración de derechos?
Lo que nos pasa siempre en lo social es que es muy difícil cuantificar, por ejemplo, un asesoramiento en una escuela. Más allá de que se efectivice o no una denuncia, más allá del dato crudo, hay una situación, hay un indicador de algo que hay que estar alerta. Muchas veces se ve el dato concreto, pero detrás de cada una de esas cifras hay multiplicidad de una vulneración de derechos. ¿Y cómo priorizamos una vulneración sobre otra? Cuando no tiene acceso a la salud, cuando no tiene qué comer diariamente, cuando no tiene acceso al baño, a la higiene personal. Entonces hoy tenemos estas configuraciones familiares con todo un abanico de vulneración de derechos en la misma situación. Esa multiplicidad hace que las instituciones primero no estén dando respuesta o la respuesta que se dé es mínima y la complejidad la verdad que nos hace actuar sobre lo urgente y no sobre la problemática de fondo.
En este escenario, ¿cómo analizás la articulación institucional que se lleva adelante en Comodoro? ¿Hay una respuesta coordinada de los distintos organismos?
Hay instituciones con las que se puede articular de manera más efectiva, con otras es un poco más burocrática esa articulación, pero se refleja esta situación crítica, antes no teníamos estas situaciones complejas. Por ejemplo, en la semana teníamos una cada tanto y hoy tenemos diariamente más de cinco situaciones que nos hace decir ¿qué respuesta le damos? Porque más allá de lo urgente y de lo concreto, cómo personas en situación de calle o la gestión de una caja de alimentos, es un parche dentro de la problemática. Muchas instituciones, por suerte, están entendiendo que la manera es colectiva, que es en esta articulación. Nosotros supervisamos la Casa del Niño, el Servicio de Protección de Derechos, entre otras instituciones, y estamos pudiendo tener una comunicación más fluida, lo cual en este contexto y en este panorama que está tan difícil es indispensable y se entendió que es la integralidad de este niño, que vive con una mamá, con un papá, que hay un atravesamiento de salud mental, que se necesita un turno judicial, está todo conectado. Si no entendemos la integralidad, difícilmente le podamos dar una respuesta.
La actual gestión nacional se caracteriza por un cambio de paradigma en ciertas políticas públicas, y un notable recorte de las partidas destinadas a programas de protección de derechos. ¿De qué manera impacta la coyuntura nacional en los servicios de protección de las infancias?
Mi visión es que Comodoro siempre vivenció una realidad que no era lo que se visualizaba a nivel federal. Por suerte, Comodoro tuvo una época de un contexto favorable donde si bien la política pública nacional por ahí no podía dar la respuesta, en la ciudad se efectivizaba desde el recurso, con algunas políticas públicas que llegaban a distintos lugares de la territorialidad. Hoy la preocupación es que no solamente Nación está ausente; en esta gestión se evidenció desde el vaciamiento al acceso a la medicación, desfinanciamiento para programas provinciales de salud, de educación, hay un montón de cuestiones donde Nación no está, y no solamente no está, sino que perjudica o retrocede en un montón de aspectos de acciones que eran favorables. Por ejemplo, nosotros coordinamos la Mesa para el Abordaje de violencia sexual hacia niños y adolescentes. Hoy tenemos una ley que es la Educación Sexual Integral (ESI), que es una ley de avanzada en función a materia preventiva y que justamente permite que los docentes en los establecimientos educativos tengan una guía, tengan herramientas, tengan capacitación, sepan cómo abordar esta temática porque somos todos corresponsables. La ley sigue vigente pero queda librada a la voluntad del docente, se retrocedió. Antes no era negociable, había una perspectiva que nosotros teníamos que desarrollar. Hoy con todo el retroceso, más allá del presupuesto, que es nefasto, hay un retroceso discursivo. El Día de las Infancias por ejemplo. Por suerte todavía algunas personas lo seguimos defendiendo, ¿por qué niñeces, y por qué no niños? Y sale el Gobierno nacional con una resolución para denominarlo Día del Niño. Entonces, volvemos a retroceder: lo discursivo no es ingenuo y no es insignificante. Cuando uno dota de sentido discursivamente, se efectiviza justamente en esas políticas públicas, para decir, abordamos distintas niñeces, distintas adolescencias diferentes, diversas y que no podemos, por más de cómo uno nombre o no nombre, ignorar lo que está pasando en la realidad. No podemos poner abajo de la alfombra cuestiones que pasan, que ya habíamos avanzado y que estamos retrocediendo. Hoy me está preocupando la violencia digital, por ejemplo, que muchas veces está fogoneada por el mismo Gobierno nacional. Estas cuestiones no son superficiales. Tienen una impronta, tiene una implicancia y tiene una repercusión directa en lo que vemos diariamente en las instituciones.
Contradicciones de la sociedad
El maltrato infantil estuvo en el centro del debate en Comodoro Rivadavia después del caso Angel, con grandes coberturas mediáticas y una multiplicidad de discursos de la ciudadanía apuntando al funcionamiento de las instituciones. ¿Cómo evaluás la respuesta social frente a estos casos?
Creo que esta situación es justamente el reflejo de lo que colectivamente estamos manifestando. Hubo un linchamiento social, un extremo de la violencia donde pedimos el respeto de los derechos de las niñeces, y por otro lado se fomenta, se motoriza una violencia y una crueldad. La Oficina fue objeto de ese tipo de amenazas. Tuvo muchísimas amenazas para cada una de nosotras, sobre todo las mujeres. Esto hay que decirlo: se pone de vuelta a la mujer como culpable de todo. Y se liberó todo tipo de manifestación de violencia al extremo de violencia concreta, física, amenazas de muerte y eso nos refleja como sociedad. Desde el Gobierno nacional y las personas referentes que deberían guiarnos colectivamente se acelera la violencia y se da esta libertad para decir y acotar cosas que además no son reales, porque las instituciones no salen a ventilar detalles, no corresponde y es parte de la privacidad de cada una de las situaciones. Entonces, vuelvo a lo mismo, colectivamente somos el reflejo de la sociedad que estamos viviendo. Por ahí nos unimos para un Mundial, pero después de eso se libera, y de vuelta la violencia y de vuelta se avalan discursos de odio, discursos de violencia concreta, y ese reflejo es lo que nosotros como adultos, estamos fomentando y estamos generando en estos debates.
¿Creés que se pierde de vista el panorama de fondo, más amplio y complejo, ante los casos individuales que se mediatizan?
La Oficina jamás va a salir a hablar de situaciones particulares porque tiene que ver con esta preservación del resguardo de la intimidad de cada niña y niño, y es algo que preservamos, lo que salimos a decir del minuto uno. En el caso de estas situaciones, que enojan y generan muchísima indignación, lo que tenemos que pedir es políticas públicas, presupuestos acordes, más equipos profesionales, más capacitación, más perspectiva para que los abordajes sean integrales, pero es como que se mira un lado nada más. O se juzga ese momento y mañana pasa otro tema. Esto es como muy efímero, la indignación, la bronca y por ahí vemos una situación de violencia en la calle y no hacemos nada, miramos para el costado. Vemos niños en situación de calle y tampoco nos asusta, nos asusta cuando salen en redes sociales, entonces esa contradicción es lo que nos manifiesta cómo estamos colectivamente y que muchas veces los adultos son parte de este fuego, de este intercambio, de esa de esta violencia digital, sin saberlo, se replica, sin saberlo, se comenta, se habla quizás sin saber de algunas de algunas cuestiones y nos genera más violencia.
En el ámbito político hay una discusión sobre la necesidad de penalizar las falsas denuncias, sobre todo aquellas vinculadas con violencia de género o maltrato infantil. ¿Qué consecuencias concretas implica este paradigma para las políticas y las acciones de protección de los derechos de niños y niñas?
La verdad que este proyecto es un retroceso, las cifras muestran que es muy bajo el número de falsas denuncias, además ya está penado si hay algún tipo de criterio de falsedad dentro de la declaración. Lo que busca este proyecto es, en primera instancia, que uno tenga miedo al denunciar, cuestión que justamente con la Mesa de Abordaje de la violencia sexual lo que generamos es que todo adulto o actor del sistema de protección, como funcionario público, tiene el deber y la obligación de denunciar ante situaciones, por ejemplo, de violencia sexual. Este proyecto de ley no solamente retrocede, sino que lo que hace es justamente generar este temor en adultos que tienen que ser responsables, en adultos que tienen que resguardar a esas niñeces y adolescencias y lo que nos va a traer es una desidia para la preservación de estas niñeces. Retrocede no solamente en lo discursivo, sino que además vuelve a poner el foco en las mujeres, al culpabilizarlas hipotéticamente, porque en lo concreto, en las instituciones, eso no lo vemos. El discurso es contra las mujeres y hay una concordancia con todo lo que ha pasado acá en Comodoro Rivadavia, que cuando es una situación donde la mujer queda expuesta, hay todo un proyecto para culpabilizarla. No estamos viendo esto: la violencia sexual de un progenitor a su hijo, la cantidad de femicidios, todas estas perspectivas en las que habíamos avanzado en lo discursivo y lo pragmático y hoy retrocedimos. La realidad es que, por ejemplo, en relación a este proyecto de ley no solamente atrasa, sino que justamente retrocede y es perjudicial para garantizar los derechos de los niños y niñas.
En el marco del Día de las infancias -devuelto recientemente a su denominación "Día del Niño" por decisión del presidente Javier Milei- se reabren los debates en torno a los derechos de niños y niñas, hoy en jaque. La directora de la Oficina de Derechos y Garantías de la Niñez, Adolescencia y Familia de Comodoro Rivadavia, Natalia Castro, dialogó con El Extremo Sur sobre los desafíos de la articulación institucional ante las diversas vulneraciones que sufre este sector de la población. Castro habló de las múltiples problemáticas que atraviesan a las infancias, en un contexto signado por la crisis y la violencia: "Hoy tenemos configuraciones familiares que tienen todo un abanico de vulneración de derechos en la misma situación; esa multiplicidad hace que las instituciones primero no estén dando respuesta o la respuesta que se dé es mínima y la complejidad nos hace actuar sobre lo urgente y no sobre la problemática de fondo".
Cambio de paradigma
"Antes en la semana teníamos una situación compleja cada tanto, hoy diariamente tenemos más de cinco situaciones que nos hacen decir ¿qué respuesta le damos? ¿Cómo priorizamos una vulneración sobre otra? No se está llegando a dar una respuesta integral porque las problemáticas están cada vez más complejas", advierte Natalia Castro, directora de la Oficina de Derechos y Garantías de la Niñez, Adolescencia y Familia de Comodoro Rivadavia.
En este sentido, se refiere a la necesidad de fortalecer la sistematización y el seguimiento de casos: "La idea es tener otros datos, registros de otras instituciones, tener un observatorio de estas situaciones de vulneración de derechos, que nosotros lo vemos a diario, pero es necesario que las políticas públicas puedan tener datos concretos".
La coyuntura local se inscribe en un panorama nacional que Castro vincula a un retroceso tanto presupuestario como discursivo. El ejemplo más claro es el Decreto 562 publicado recientemente por el gobierno de Javier Milei que modifica la denominación "Día de las Infancias" a "Día del Niño". La decisión, lejos de ser superficial, refleja el paulatino cambio de paradigma sobre las infancias que caracteriza a la actual gestión.
Teniendo en cuenta las vulneraciones específicas contra las infancias y el contexto socioeconómico que se vive hoy en Comodoro Rivadavia, ¿cómo analizás la situación de los niños y niñas en relación al cumplimiento de sus derechos?
Hay muchos atravesamientos de la complejidad social que estamos viendo, donde hay preocupaciones de adultos de llegar a fin de mes, de a ver qué le doy de comer a mi hijo, violencias en sus múltiples manifestaciones y obviamente todos estos atravesamientos repercuten directamente en las infancias. Comodoro Rivadavia particularmente está vivenciando una situación muy compleja desde el desempleo, desde el vaciamiento de un montón de políticas públicas. Lamentablemente el panorama no es muy muy alentador. Sí creo que es necesario en estos contextos, sobre todo de tanta fragilidad y de tanta incertidumbre, preservar a las niñeces en este sentido, y en el marco del Día de las Infancias volver a lo genuino, al momento, a tratar de hacer un paréntesis entre tanta preocupación y tanto atravesamiento de incertidumbre para también explicarle a los niños y niñas lo que se está viviendo, porque no están aislados en una burbuja, son parte, lo ven, conocen, más allá de las distintas edades. Entonces, en este día no pensar tanto en si llego a comprarle o no un juguete, sino hacerle pasar un día de reflexión, un momento de calidad, un espacio de escucha y de juego.
¿Qué tipo de casos son los que reciben con más frecuencia en la Oficina?
En lo personal lo que me está preocupando mucho es la violencia digital, que muchas veces también se inicia por parte de los mismos progenitores. Esto de filmar, de sacar fotos, la necesidad de reproducir cómo está mi hijo y si le están haciendo algo y si le gritaron, si llora y lo que está generando la masividad de las redes sociales y la exposición de las niñeces es que se pierde de vista el resguardo de su derecho, de su intimidad. El entrecruzamiento de la violencia digital es un exacerbante del cual no estamos siendo conscientes, ni hablar el acceso a las pantallas a temprana edad, pero todo lo conexo de las nuevas tecnologías y de la exposición de más, de aspectos que tendrían que quedar preservados es algo que realmente nos preocupa. También está el entrecruzamiento la violencia en sus distintas manifestaciones familiares, el consumo problemático, es algo que estamos viendo hoy en la región como aspectos muy complejos, también con el atravesamiento de la salud mental y de la poca respuesta que hay para estas complejidades. No se está llegando a dar una respuesta integral porque las problemáticas están cada vez más complejas.
¿Hay cifras concretas respecto a la cantidad de situaciones que atiende hoy la Oficina?
En la Oficina tenemos un sistema donde alguien viene por un asesoramiento y por ahí en la entrevista sale un sinfín de situaciones problemáticas. Entonces antes tenías por ahí una situación de alguien que venía por un asesoramiento de vivienda precaria, por el acceso a una cobertura de obra social y hoy vemos que está el entrecruzamiento del consumo problemático, de la violencia intrafamiliar. Estamos trabajando mucho en relación a la Oficina, que coordina la Mesa Intersectorial para el Abordaje de las Violencias Sexuales contra Niños, Niñas y Adolescentes, y en ese marco se firmó un convenio con la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco que nos permite articular con distintas facultades para, justamente, empezar a tener cifras más certeras más allá de las denuncias policiales. La idea es tener otros datos, registros de otras instituciones, tener un observatorio de estas situaciones de vulneración de derechos, que nosotros lo vemos a diario, pero es necesario que las políticas públicas puedan tener datos concretos en relación a estas problemáticas.
Crisis, violencia y discursos de odio
Mencionabas la violencia sexual, por ejemplo, que constituye uno de los delitos con mayor tendencia al subregistro. ¿Las cifras pueden dar cuenta de la pluralidad y la magnitud de la vulneración de derechos?
Lo que nos pasa siempre en lo social es que es muy difícil cuantificar, por ejemplo, un asesoramiento en una escuela. Más allá de que se efectivice o no una denuncia, más allá del dato crudo, hay una situación, hay un indicador de algo que hay que estar alerta. Muchas veces se ve el dato concreto, pero detrás de cada una de esas cifras hay multiplicidad de una vulneración de derechos. ¿Y cómo priorizamos una vulneración sobre otra? Cuando no tiene acceso a la salud, cuando no tiene qué comer diariamente, cuando no tiene acceso al baño, a la higiene personal. Entonces hoy tenemos estas configuraciones familiares con todo un abanico de vulneración de derechos en la misma situación. Esa multiplicidad hace que las instituciones primero no estén dando respuesta o la respuesta que se dé es mínima y la complejidad la verdad que nos hace actuar sobre lo urgente y no sobre la problemática de fondo.
En este escenario, ¿cómo analizás la articulación institucional que se lleva adelante en Comodoro? ¿Hay una respuesta coordinada de los distintos organismos?
Hay instituciones con las que se puede articular de manera más efectiva, con otras es un poco más burocrática esa articulación, pero se refleja esta situación crítica, antes no teníamos estas situaciones complejas. Por ejemplo, en la semana teníamos una cada tanto y hoy tenemos diariamente más de cinco situaciones que nos hace decir ¿qué respuesta le damos? Porque más allá de lo urgente y de lo concreto, cómo personas en situación de calle o la gestión de una caja de alimentos, es un parche dentro de la problemática. Muchas instituciones, por suerte, están entendiendo que la manera es colectiva, que es en esta articulación. Nosotros supervisamos la Casa del Niño, el Servicio de Protección de Derechos, entre otras instituciones, y estamos pudiendo tener una comunicación más fluida, lo cual en este contexto y en este panorama que está tan difícil es indispensable y se entendió que es la integralidad de este niño, que vive con una mamá, con un papá, que hay un atravesamiento de salud mental, que se necesita un turno judicial, está todo conectado. Si no entendemos la integralidad, difícilmente le podamos dar una respuesta.
La actual gestión nacional se caracteriza por un cambio de paradigma en ciertas políticas públicas, y un notable recorte de las partidas destinadas a programas de protección de derechos. ¿De qué manera impacta la coyuntura nacional en los servicios de protección de las infancias?
Mi visión es que Comodoro siempre vivenció una realidad que no era lo que se visualizaba a nivel federal. Por suerte, Comodoro tuvo una época de un contexto favorable donde si bien la política pública nacional por ahí no podía dar la respuesta, en la ciudad se efectivizaba desde el recurso, con algunas políticas públicas que llegaban a distintos lugares de la territorialidad. Hoy la preocupación es que no solamente Nación está ausente; en esta gestión se evidenció desde el vaciamiento al acceso a la medicación, desfinanciamiento para programas provinciales de salud, de educación, hay un montón de cuestiones donde Nación no está, y no solamente no está, sino que perjudica o retrocede en un montón de aspectos de acciones que eran favorables. Por ejemplo, nosotros coordinamos la Mesa para el Abordaje de violencia sexual hacia niños y adolescentes. Hoy tenemos una ley que es la Educación Sexual Integral (ESI), que es una ley de avanzada en función a materia preventiva y que justamente permite que los docentes en los establecimientos educativos tengan una guía, tengan herramientas, tengan capacitación, sepan cómo abordar esta temática porque somos todos corresponsables. La ley sigue vigente pero queda librada a la voluntad del docente, se retrocedió. Antes no era negociable, había una perspectiva que nosotros teníamos que desarrollar. Hoy con todo el retroceso, más allá del presupuesto, que es nefasto, hay un retroceso discursivo. El Día de las Infancias por ejemplo. Por suerte todavía algunas personas lo seguimos defendiendo, ¿por qué niñeces, y por qué no niños? Y sale el Gobierno nacional con una resolución para denominarlo Día del Niño. Entonces, volvemos a retroceder: lo discursivo no es ingenuo y no es insignificante. Cuando uno dota de sentido discursivamente, se efectiviza justamente en esas políticas públicas, para decir, abordamos distintas niñeces, distintas adolescencias diferentes, diversas y que no podemos, por más de cómo uno nombre o no nombre, ignorar lo que está pasando en la realidad. No podemos poner abajo de la alfombra cuestiones que pasan, que ya habíamos avanzado y que estamos retrocediendo. Hoy me está preocupando la violencia digital, por ejemplo, que muchas veces está fogoneada por el mismo Gobierno nacional. Estas cuestiones no son superficiales. Tienen una impronta, tiene una implicancia y tiene una repercusión directa en lo que vemos diariamente en las instituciones.
Contradicciones de la sociedad
El maltrato infantil estuvo en el centro del debate en Comodoro Rivadavia después del caso Angel, con grandes coberturas mediáticas y una multiplicidad de discursos de la ciudadanía apuntando al funcionamiento de las instituciones. ¿Cómo evaluás la respuesta social frente a estos casos?
Creo que esta situación es justamente el reflejo de lo que colectivamente estamos manifestando. Hubo un linchamiento social, un extremo de la violencia donde pedimos el respeto de los derechos de las niñeces, y por otro lado se fomenta, se motoriza una violencia y una crueldad. La Oficina fue objeto de ese tipo de amenazas. Tuvo muchísimas amenazas para cada una de nosotras, sobre todo las mujeres. Esto hay que decirlo: se pone de vuelta a la mujer como culpable de todo. Y se liberó todo tipo de manifestación de violencia al extremo de violencia concreta, física, amenazas de muerte y eso nos refleja como sociedad. Desde el Gobierno nacional y las personas referentes que deberían guiarnos colectivamente se acelera la violencia y se da esta libertad para decir y acotar cosas que además no son reales, porque las instituciones no salen a ventilar detalles, no corresponde y es parte de la privacidad de cada una de las situaciones. Entonces, vuelvo a lo mismo, colectivamente somos el reflejo de la sociedad que estamos viviendo. Por ahí nos unimos para un Mundial, pero después de eso se libera, y de vuelta la violencia y de vuelta se avalan discursos de odio, discursos de violencia concreta, y ese reflejo es lo que nosotros como adultos, estamos fomentando y estamos generando en estos debates.
¿Creés que se pierde de vista el panorama de fondo, más amplio y complejo, ante los casos individuales que se mediatizan?
La Oficina jamás va a salir a hablar de situaciones particulares porque tiene que ver con esta preservación del resguardo de la intimidad de cada niña y niño, y es algo que preservamos, lo que salimos a decir del minuto uno. En el caso de estas situaciones, que enojan y generan muchísima indignación, lo que tenemos que pedir es políticas públicas, presupuestos acordes, más equipos profesionales, más capacitación, más perspectiva para que los abordajes sean integrales, pero es como que se mira un lado nada más. O se juzga ese momento y mañana pasa otro tema. Esto es como muy efímero, la indignación, la bronca y por ahí vemos una situación de violencia en la calle y no hacemos nada, miramos para el costado. Vemos niños en situación de calle y tampoco nos asusta, nos asusta cuando salen en redes sociales, entonces esa contradicción es lo que nos manifiesta cómo estamos colectivamente y que muchas veces los adultos son parte de este fuego, de este intercambio, de esa de esta violencia digital, sin saberlo, se replica, sin saberlo, se comenta, se habla quizás sin saber de algunas de algunas cuestiones y nos genera más violencia.
En el ámbito político hay una discusión sobre la necesidad de penalizar las falsas denuncias, sobre todo aquellas vinculadas con violencia de género o maltrato infantil. ¿Qué consecuencias concretas implica este paradigma para las políticas y las acciones de protección de los derechos de niños y niñas?
La verdad que este proyecto es un retroceso, las cifras muestran que es muy bajo el número de falsas denuncias, además ya está penado si hay algún tipo de criterio de falsedad dentro de la declaración. Lo que busca este proyecto es, en primera instancia, que uno tenga miedo al denunciar, cuestión que justamente con la Mesa de Abordaje de la violencia sexual lo que generamos es que todo adulto o actor del sistema de protección, como funcionario público, tiene el deber y la obligación de denunciar ante situaciones, por ejemplo, de violencia sexual. Este proyecto de ley no solamente retrocede, sino que lo que hace es justamente generar este temor en adultos que tienen que ser responsables, en adultos que tienen que resguardar a esas niñeces y adolescencias y lo que nos va a traer es una desidia para la preservación de estas niñeces. Retrocede no solamente en lo discursivo, sino que además vuelve a poner el foco en las mujeres, al culpabilizarlas hipotéticamente, porque en lo concreto, en las instituciones, eso no lo vemos. El discurso es contra las mujeres y hay una concordancia con todo lo que ha pasado acá en Comodoro Rivadavia, que cuando es una situación donde la mujer queda expuesta, hay todo un proyecto para culpabilizarla. No estamos viendo esto: la violencia sexual de un progenitor a su hijo, la cantidad de femicidios, todas estas perspectivas en las que habíamos avanzado en lo discursivo y lo pragmático y hoy retrocedimos. La realidad es que, por ejemplo, en relación a este proyecto de ley no solamente atrasa, sino que justamente retrocede y es perjudicial para garantizar los derechos de los niños y niñas.

