El poeta, escritor y docente Jorge Spíndola dialogó con El Extremo Sur sobre su participación en la demanda contra YPF frente a su salida de Chubut y para frenar el acuerdo firmado por sólo 25 millones de dólares como pago por un pasivo ambiental centenario en Comodoro Rivadavia. Cuestionó al extractivismo voraz, proponiendo reparar y re imaginar una ciudad amigable con la tierra y sus habitantes. Habló de un colapso social y ambiental silencioso enmarcado por un dolor muy grande. "Me parece que hay que re imaginar un Comodoro donde empecemos a reparar el daño que le hemos hecho a la madre tierra, sellar los pozos, ordenar el territorio, que el territorio no esté librado a la voracidad de un mercado inmobiliario que se maneja como si fuera el far west, que haya un orden en el territorio priorizando el bienestar de la gente, y no en manos de la voracidad y el poder de unos pocos. Es muy amplio el horizonte que se abre si pensamos en reparar", aseveró desde una óptica optimista con el futuro. El miércoles, a las 12 horas, dará junto con los abogados e investigadores que impulsan la presentación judicial una conferencia de prensa en el Aula 110 de la sede en Km 4 de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
¿Qué lo hizo decidir participar de esta presentación judicial?
Decidí presentarme como querellante, como parte de un colectivo de gente que está preocupada por el pasivo ambiental y la situación en la que nos está dejando YPF, como un vecino de Comodoro que no solamente que se ve afectado por todo el daño ambiental que queda sin reparación y el despojo histórico que hemos vivido.
¿Y qué lo movilizó en particular? ¿Qué le disparó esa situación?
Soy un vecino de acá, de la ciudad. Siento una pertenencia muy fuerte a la ciudad, al territorio. He vivido en muchos lugares, pero soy un comodorense, es una persona que siente este lugar como propio y su lugar en el mundo. La verdad, que esta última partida de YPF me parece que no nos podemos quedar en un duelo silencioso, en una frustración, porque ya hemos vivido también la partida de YPF en los ´90, aunque creo que esto es peor por todo el contexto social, económico, político en el que se está dando. Uno de los disparadores es ese cheque en blanco que se le da a YPF por sólo 25 millones de dólares, que no es nada, es un trato miserable, irrespetuoso. Sentí el irrespeto también, sentí que era irrespetuoso el trato que se nos da por esta cosa de que lo hemos dado todo en Comodoro. Sentimos que Comodoro ha construido no solamente a la provincia y la región, sino a la construcción de la Nación, ni más ni menos que aquí nace YPF y lo que nos quedan es contaminación, chatarra, derrames y los pocos cursos de agua que hay llegan contaminados por las napas. Lo que nos deja YPF como compensación no hay tal. Uno sabe que la mismísima Constitución Nacional manda a reparar cuando hay un daño ambiental es la reparación del daño.
¿Sintió más tristeza o más bronca?
No soy una persona que se mueva por bronca, soy una persona que se mueve por una sensibilidad y una conciencia social, histórica, una memoria del lugar también.
Decía que hay como una asimilación silenciosa. ¿Le parece que eso es lo que está pasando con este proceso?
Sí, yo creo que sí y con mucho dolor. Yo creo que estamos frente a un colapso que es ambiental y es social también, y es silencioso, pero buena parte de la desarticulación de lo que quedaba del Estado de bienestar, de una relación con el extractivismo que todavía en el proyecto histórico de YPF involucraba el bienestar de la gente después del regreso de YPF, eso no se pudo recomponer. Y en este último tiempo, con la partida de YPF, lo que vemos es que al extractivismo petrolero le sobra la gente, no le importa a la gente. En esta etapa del extractivismo estamos de más. En el histórico proyecto de YPF, el de Mosconi, era extractivismo, pero era de modo de relación; era con la gente, quizás. Este modelo de extractivismo salvaje, nosotros estamos de más, quizás como estamos de más en toda la Patagonia para este modo extractivista o esta etapa del extractivismo que es más feroz. Y respecto de nuestra sociedad y respecto de Comodoro, yo no soy una persona anti-comodorense que despotrica contra el comodorense. Sé que en este momento parece que hay indiferencia, pero a mí me parece que es un proceso de toma de conciencia que tenemos que construirlo. Hay que construir esa conciencia colectiva que está en la piel. Si se le pregunta a cualquier comodorense, tiene esta sensación de que hay un debe para con nosotros. ¿Cómo en 100 años el extractivismo no pudimos hacer una ruta que evada el del cerro Chenque? YPF se va, el Estado Nacional se va, el extractivismo se va, y no hay una herencia de una infraestructura vial, de una infraestructura de servicios que esté a la altura de todo lo que se llevaron. Uno puede pensar que faltó inteligencia política de los dirigentes, es cierto, pero me parece que es mucho; que la relación de lo que hemos dado a la Nación y lo que nos dejan es chatarra, contaminación, derrames de petróleo y un pasivo inmobiliario que hay; no sé si es correcto hablar de pasivo inmobiliario, pero el desastre inmobiliario que tenemos en la administración de la tierra son cosas que afectan al normal desarrollo urbano de la ciudad, el acceso a la tierra, el ordenamiento, una planificación, siempre corriendo detrás de los booms petroleros sin poder poner un orden en nuestra forma de habitar el suelo.
Tampoco los booms petroleros se tradujeron en una mejora sustancial para la calidad de vida urbanística y habitacional en la ciudad.
Claro, no redundó en ese bienestar para la comunidad de ninguna manera. Entonces, es un extractivismo que es eso, sólo extractivismo donde el pasivo social no cuenta.
Comodoro ya tropezó con esta piedra en los años ‘90 con la privatización de YPF y también fue silencioso ese proceso, tan silencioso que fue casi inactivo, ¿se repite la historia?
Sí, creo que se reitera agravada y que por eso justamente desde el llano salir a construir no solamente la queja o el duelo, sino también proponer re imaginar otro modo de relación. Yo no quiero ponerme dark, pero los índices de desarticulación social son muy fuertes. La inseguridad, los índices de suicidio o el tipo de violencia intrafamiliar que estamos viviendo. Creo que el dolor está, que la frustración está y la propuesta es desde el llano pedir justicia ambiental que redunde en justicia social para con los vecinos y vecinas. Por otro lado, me parece que hay que empezar paralelamente a re imaginar esta famosa reconversión de la matriz productiva que es algo que lo tenemos que construir nosotros y verdaderamente lo tenemos que reconstruir porque tenemos que reinventarnos como sociedad de cara al mar, de cara a los vecinos, de cara al territorio en el que vivimos, de cara a las posibilidades que nos da tener una Universidad y un lugar de conocimiento para repensar proyectos económicos y sociales. La diversidad que tiene Comodoro es una riqueza muy grande, una diversidad cultural, social, y tenemos que pensar de otra manera, en otra relación con nosotros mismos y con el territorio.
Esta nueva crisis debiera ser una nueva oportunidad para repensarse, para re imaginarse.
Sí, pero yo creo que eso también es un desafío muy grande como sociedad y para toda dirigencia política que quiera verdaderamente pensar justamente políticamente el futuro de la ciudad y de nuestra sociedad. Creo que el viejo estilo del extractivismo verdaderamente no va más. Creo que tenemos que empezar a pensar en una reconversión, que también es una reconversión de nuestras matrices de sentido porque el daño y el dolor es muy grande, y a partir de allí lo que tenemos que hacer es encontrarnos, mirarnos cara a cara y mirar sinceramente el lugar donde estamos en el mundo y qué estamos haciendo aquí qué relación estamos estableciendo con este territorio. No tenemos un acceso al agua adecuado y racional, no tenemos la infraestructura del acceso al agua de una manera correcta, no tenemos un vínculo sano con el borde costero, la contaminación no es solo petrolera, la contaminación también es producto del mal habitar la ciudad también.
Contaminación, erosión y deterioro, hay una combinación de factores negativos para con la ciudad en su realidad.
El desamor, yo no tengo problema en hablar de estas cosas, me parece que hay que hablar así. Tanto desamor, este folclore de que este lugar es "feo", el desamor por el lugar. Yo creo que han pasado varias generaciones de habitantes de la ciudad, de donde muchos de nosotros podemos hablar tranquilamente de un amor por este lugar y eso falta ponerlo sobre la mesa. Cuando caminás los barrios populares te encontrás con gente que ama el lugar y tiene otra forma de relacionarse. Además de encontrar este dolor y la desocupación y tantas cosas, también te encontrás que la gente cultiva su árbol de fruta, su damasco, que cultiva un pedazo de tierra, que defiende el lugar. Hay una pertenencia desde comenzar a construir y que es el amor por el territorio, el amor por el lugar.
Comodoro se asumió extractivista desde casi su origen como pueblo y ese rol lo cumplió en pos ya no sólo de sí misma, pero también para el conjunto de la provincia y del país porque buena parte del país se desarrolló gracias al desarrollo de YPF. Tanto el resto de la provincia, en una menor medida por supuesto, como el conjunto del país están en gran deuda con Comodoro, no sólo por lo que falta, sino por todo lo vivido.
Si claro, imagínate que son 125 años. Hacia adelante hay que repensar, barajar y dar de nuevo y repensar. Y el sistema, digamos, activista, el Estado Nacional, YPF y Sociedad Anónima, las petroleras que han operado en el territorio y aún operan, me parece que nosotros tenemos que lo mínimo a pedir es justicia ambiental. Necesitamos tener un diagnóstico real. Nosotros lo que estamos pidiendo es que haya un diagnóstico real por una autoridad cierta que pueda certificar qué se entiende por pasivo ambiental, porque si no es un eufemismo, una abstracción que detrás lo que hay es un desastre ecológico en el ecosistema; dicho en términos de la visión mapuche del mundo es un "Itrofill mogen" como desastre en la interrelación de lo vivo. Lo mínimo que pedimos es que haya una evaluación del daño y que se empiece a reparar ese daño, eso puede redundar en otra forma de relacionarnos, porque son económicamente su montón. Me parece que hay que re imaginar un Comodoro donde empecemos a reparar el daño que le hemos hecho a la madre tierra, sellar los pozos, ordenar el territorio, que el territorio no esté librado a la voracidad de un mercado inmobiliario que se maneja como si fuera el far west, que haya un orden en el territorio priorizando el bienestar de la gente, y no en manos de la voracidad y el poder de unos pocos. Es muy amplio el horizonte que se abre si pensamos en reparar. Reparar significa volver a pensar en el borde costero, qué va a pasar con la cantidad de pozos inactivos que están en Restinga Alí, con los pozos mal sellados, con toda la tierra fiscal que ha diseñado y ha limitado la configuración de una traza urbana más ordenada. Ordenarse y ordenar la vida, la forma de habitar. Y eso puede ser tranquilamente un inicio, ni siquiera a progresar en términos del progreso tradicional del extractivismo, sino progresar en la relación de poner orden en el territorio y poner orden en el espíritu en que habitamos, la forma en que habitamos el suelo.
En los años '90 el PNUD de Naciones Unidad valuó en 900 millones de dólares el pasivo ambiental en Neuquén en tiempos de Repsol. ¿Qué opinión tiene sobre los 25 millones acordados por YPF con Chubut?
El acuerdo de la provincia por 25 millones (de dólares) no es un acuerdo de reparación.
Cuando vamos a preguntar por el disparador, es eso. A ver, detrás del eufemismo pasivo ambiental, ¿qué hay? ¿Cuál es? ¿Dónde está la evaluación del año? ¿Quién la hace? ¿Qué autoridad competente diseñó una forma y aplicó una forma de evaluación? Los datos en Comodoro hablan de 3.700 pozos inactivos o sin sellar debajo de la traza urbana. A eso hay que sumarle todo lo que ocurre en la zona costera. Como vecino y junto con la Asociación de Abogados Ambientalistas, que es la otra parte querellante junto conmigo, lo que pedimos es la nulidad del acuerdo y a partir de allí que los instrumentos y las autoridades periciales puedan diagnosticar y evaluar qué es esto del pasivo ambiental, que puede llevar un montón de tiempo, mientras tanto que haya una medida de no innovar para comenzar una política de reparación. Eso es un movimiento económico también en la ciudad. Sería un movimiento económico tan grande como extraer. Sería un movimiento económico inmenso y mucho más legítimo porque estaríamos reparando nuestra forma de vida.
La clase política jugó un papel importante, porque esto no nació de la nada
Sí, se hizo a ojos cerrados y a espaldas de toda la sociedad y particularmente de la sociedad comodorense. ¿Qué vecino participó del debate? ¿Qué jubilado de YPF participó? ¿Qué petrolero participó del debate? No sé quiénes participaron. No hubo tal debate. No hubo debate, lo que hubo un acuerdo político y económico. Uno tiene que poner bajo sospecha este tipo de acuerdos, sobre todo cuando no hay participación ciudadana.
Dos veces en 30 años la clase política cometió el mismo error. Chubut votó y festejó la privatización de YPF y ahora acordó la salida de la YPF estatizada parcialmente sin decir una sola palabra. Es para repensar también.
Sí y hay una forma de hacer las cosas y no solo un accionar de la industria extractivista. Cuando uno habla de la industria extractivista o de YPF o de cualquier otra forma de extractivismo, lo que hay allí es el mercado, lo que hay allí son personas, son dirigentes, son empresarios y una población trabajadora, pero luego tenés una sociedad que se moldea en torno al extractivismo y me parece que ahí es donde yo miro y pienso y digo. Escribí sobre el cerro Chenque ¿en serio había que cementarlo? ¿En serio había que hacer todo lo que se hizo? ¿No se podría haber hecho otra cosa? Como por ejemplo forestarlo. Es decir, las lógicas del extractivismo llevan a la enajenación de la relación con la vida, con lo vivo. ¿Por qué cementarlo? ¿Por qué perforarlo? ¿Por qué eliminarlo? A lo mejor hay cosas que yo digo y que pueden sonar hasta poéticas, pueden sonar hasta ingenuas, pero verdaderamente yo creo que hay que cambiar la matriz de sentido, porque la matriz del extractivismo nos ha adormecido en nuestra relación con el territorio y que hemos entregado el hacer a dirigentes que están totalmente endurecidos y carcomidos por esa matriz de extraer, perforar, llevarse todo y no dejar nada. No soy un dirigente político y no tengo la solución, porque jamás me pondría en ese lugar. Lo que sí digo es que, bueno, empecemos a librar una discusión. Para algún lado tenemos que salir pensando una transición ecosocial que sea sustentable y amigable con lo vivo. Lo tendremos que construir nosotros, los que quedamos, y las generaciones que vienen; ¿qué le estamos dejando al futuro comodorense? ¿Un no futuro? ¿Migrar?
¿Comodoro está frente a la disyuntiva de transformarse en un pueblo fantasma o intentar reconvertirse a una ciudad nueva?
Adhiero a cada una de esas palabras. Es grave el problema y el día que terminen de raspar la olla en lo que queda de la Cuenca, ¿qué vamos a hacer? Los terrenos que costaban el metro cuadrado casi lo mismo que en Puerto Madero, cuando yo volví en 2017, había partes de Comodoro que el metro cuadrado costaban casi lo mismo o lo mismo que el metro cuadrado en Puerto Madero. No quiero comparar a Comodoro con Sierra Grande o con el desmantelamiento del parque industrial textil Trelew, yo viví ese desmadre porque en ese tiempo me había ido a vivir al Valle.
¿Esa es la perspectiva, pero multiplicada?
Sí. ¿Nosotros cuántos somos acá? Nadie dice cuántos somos acá. No sé si nos llegamos a los 400.000 o 500.000 habitantes dando vueltas en Comodoro y en su zona peri urbana. Y yo estoy grande, ahora cumplo 65 pirulos y tal vez me jubile, pero quiero seguir viviendo acá.