Patagonia

La Patagonia, en medio de la fiebre por los data center: el proyecto que abre preguntas sobre los recursos naturales y la soberanía digital

En medio de la fiebre por la Inteligencia Artificial, el Gobierno de Chubut busca perfilar a la provincia como un polo de infraestructura digital en el país. Durante el evento "Modelando el futuro de la IA a través de la energía: El centro global de datos en Argentina" el gobernador Ignacio Torres presentó un proyecto, elaborado junto al Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) y empresas tecnológicas, para la construcción de un mega data center en la Zona Franca de Trelew. Si bien se habla de una oportunidad histórica para la Provincia, persisten incógnitas y críticas en torno a la sostenibilidad ambiental y la soberanía de la Patagonia. Horacio Avendaño, docente de la UNPSJB y especialista en Comunicación Digital, dialogó con El Extremo Sur sobre las preguntas que todavía falta hacer en torno a la iniciativa que podría concretarse en la provincia.

Tecnología y recursos naturales

La empresa polaca Green Capital proyecta instalar el Atlas GigaHub, un complejo de infraestructura digital para el cual se estima una inversión de entre USD 3.000 y USD 5.000 millones. Se espera generar, en una primera etapa, unos 300 MW de potencia. La cifra superaría con creces la capacidad tecnológica que registra hoy la Argentina, que cuenta con unos 70 MW, muy por debajo de otros países de la región como Chile y Brasil que registran cerca de 600 y 2000 MW, respectivamente.

El docente de la UNPSJB y especialista en Comunicación Digital, Horacio Avendaño, señaló que no es el primer proyecto de este tipo en la región: en los últimos años se hicieron públicas negociaciones similares con OpenIA y Tesla, aunque por el momento no existe nada confirmado.

Sin embargo, son proyectos que implican una discusión profunda por los recursos naturales necesarios para su funcionamiento. En este sentido, el especialista vincula el rol creciente de Patagonia en estas iniciativas al desarrollo del RIGI. Señaló que "en Chubut hay una orientación y una decisión política de ir hacia ese lugar, de vincular lo territorial con el desarrollo de las nuevas tecnologías y la gran pregunta sigue siendo respecto de que deja esto al desarrollo sostenible".

Tras la declaración reciente de la crisis hídrica por parte de la Legislatura de Chubut, la pregunta central que emerge frente a la posibilidad de instalar un mega data center es el uso de los recursos naturales: "En un contexto donde uno tiene un acceso más igualitario al agua, no hay problema, porque de última estos emprendimientos pagarán ese consumo, pero donde tenés poblaciones con un acceso restrictivo a este recurso, hay que tener muy claro qué lugar va a ocupar el consumo de agua en este tipo de desarrollo".

¿En qué momento se produce la explosión de los data center? ¿Qué lugar ocupa hoy Chubut en esa discusión?

El tema de los centros de datos en realidad es un fenómeno que surge concretamente a partir de la expansión de Internet, porque justamente es un lugar donde se alojan servidores que analizan datos computacionales que tienen que estar permanentemente en alojamiento. Y en eso hay una escala de tamaño, de procesamiento de la información. Tenemos desde servidores pequeños que están alojados quizás en lugares muy modestos y sostienen, por ejemplo, el campus universitario. Y ahí es donde empieza a surgir después el problema cuando ese volumen de información escala a otros niveles y buena parte de esa escala tiene que ver con la instalación y el crecimiento de la Inteligencia Artificial. Es decir, nosotros teníamos una historia antes de Internet, otra historia con el surgimiento de internet. Otra historia distinta con el surgimiento de Google, de los buscadores, porque ahí es donde la información se empieza a poner como en funcionamiento y en circulación, que es lo importante, y otra historia distinta que es la que nos empieza a generar más problemas que es la instalación y el crecimiento exponencial de la inteligencia artificial. Esto es lo que lleva a que los centros de datos hayan crecido, y que Patagonia empiece a tener un lugar en el mundo respecto a esto. Sobre todo porque nosotros estamos bastante atrás en la historia de los centros de datos en América Latina. Si pensamos en números globales, a 2026 Brasil tiene operativos casi 2100 MW, quiere decir que tiene una escala de potencia eléctrica importante para alimentar y refrigerar los servidores. Le sigue Chile con unos 625 megas y nosotros estamos en 73. La diferencia es bastante importante. Eso hace que se ponga a Patagonia no solamente como tal por sus características geográficas, sino porque acá hay un fenómeno que es un poco el que desata en todo este debate que la confirmación del RIGI y el Súper RIGI, que implica pensar que se abren beneficios impositivos, financieros y de importación para que inversores de escala empiecen a pensar en Patagonia como un lugar a donde instalar este tipo de desarrollo. Sobre todo, y acá hay un dato importante, porque el Súper RIGI no incluye exigencias ambientales para hacer el desarrollo de inversión. Y ahí es donde empieza el problema.

¿Qué tan factible es el proyecto anunciado por el Gobierno de Chubut en términos de la infraestructura que hoy existe en Patagonia? ¿Cómo operaría un megacentro de datos tal y como se está discutiendo actualmente?

Uno de los datos centrales que estos días sacudió un poco el tablero, tiene que ver con este anuncio -hasta ahora es un anuncio- del Atlas GigaHub que presenta el gobernador, con una inversión cercana a los 3300 millones de dólares, sobre todo al decir que va a estar instalado en la Zona Franca de Trelew y que se pretende vincularlo con la red de energía eólica de los parques que ya están instalados. Ahí hay un círculo que vincularía la alimentación de energía con energía renovable y esta posibilidad del almacenamiento y la infraestructura de telecomunicaciones. Las empresas que se presentan en el memorándum de entendimiento son Wärtsilä y Green Capital. La primera es una empresa global bastante conocida que opera en la Argentina desde el ‘97 y tiene reconocimiento en el área de energías renovables. Por el otro lado, con Green Capital, hay que mirar un poco porque es este inversor o este pull de inversores que en su momento también había sido presentado como innovador respecto de la producción de hidrógeno verde que finalmente nadie sabe muy bien a qué puerto llegó ese ese proyecto, pero tampoco es tan desconocido. Lo que se presenta ahí en el proyecto es una suerte de Hub digital que tendría como un campus que vincularía la energía eólica, que tendría vinculación con el puerto de Madryn para facilitar el tema de las importaciones de todo el software y el hardware que hay que montar ahí en la zona franca, que tendría una vinculación con las inversiones energéticas, porque el gran problema que tenemos hoy, es el tema del transporte, cómo se lleva la energía. Podemos generarla, tenemos los mejores vientos del mundo, quiere decir que son los más estables, que tienen un buen rendimiento, pero la estructura de transporte de energía ha quedado pobre, entonces salvo los parques que están alimentando cuestiones muy puntuales como en el caso de Aluar, después se limita un poco la expansión de los parques porque no tenemos capacidad de transporte. El proyecto dice que ese transporte de energía más el desarrollo de fibra óptica para conectar a la provincia podrían ser alguno de los beneficios, sumado a la capacidad de cómputo y la conexión de alta velocidad.

Interrogantes

Sin embargo, hay una pregunta transversal respecto al uso de recursos naturales.

La gran pregunta es el agua, es lo que no aparece. Y entonces ese es el gran tema, sobre todo porque por los mismos días en que se presenta este proyecto del Giga Hub de Chubut, la Legislatura sanciona esta idea de la emergencia hídrica, que no hace falta caminar mucho ni conocer mucho para decir que la provincia tiene una crisis hídrica. Ahora ha nevado en la cordillera y se han recuperado un poco los niveles de agua, pero la declaración de emergencia hídrica implica que casi toda la provincia completa, incluso la propia cordillera que tenía niveles de napas muy alta, está en un proceso de sequía y de crisis. Hay que preguntarse cómo en una provincia que tiene una Legislatura que sanciona la posibilidad de pensar la emergencia hídrica, donde tenemos ciudades, ya no solamente Comodoro, sino el propio Trelew con la bajante del Dique Florentino Ameghino, más todo lo que implica la baja de la cota del río Chubut, en esa misma ciudad se presenta una idea de un desarrollo de este tipo que requiere cantidades importantes de agua. En la Argentina no hay desarrollos de mega data centers, es decir, de grandes estructuras, porque estamos muy lejos de la capacidad de otros países. Eso es lo primero que tenemos que entender: en la Argentina, si bien hay data center instalados, no son los mega data center que hay en otros lugares del mundo, y ahí es donde viene la gran pregunta. Son todas preguntas que hay que hacerle a estos proyectos.

Concretamente, ¿cómo es el uso de los recursos, especialmente el hídrico, en el funcionamiento de un mega data center?

Tiene que ver con los sistemas de refrigeración. Históricamente los centros de datos se refrigeraron por dos métodos. Uno es por aire. Hay unos en Arizona, Estados Unidos, que se ven casi en el medio del desierto, no es un lugar que tenga agua. Porque los servidores se refrigeran por aire, eran como esas grandes naves industriales que tenían ventiladores enormes arriba y entonces por ahí entraba el aire y se refrigeraban. Y otro modo de refrigeración histórico es la evaporación. Es como si uno tuviera un aspersor de esos que se usan para limpiar los vidrios, gigantes, en cada torre y se pulveriza agua dulce para que baje la temperatura ambiental. Se pulveriza agua con micropartículas y esa agua baja mucho la temperatura de los servidores. Pero ahora hay un desarrollo muy interesante que es la refrigeración directa por agua; en vez de refrigerar el ambiente los data center están refrigerando directamente los microchips, con el tema de la inteligencia artificial pensaron, en vez de refrigerar, de enfriar el ambiente, vamos a refrigerar directamente los microchips, que son los que levantan temperatura. Entonces lo que hicieron fue armar un sistema cerrado de agua en la que enfrían las placas de cobre y de aluminio que tienen los microchips y a ese proceso se llama disipación de temperatura. Meten en agua las placas de cobre y de aluminio, que entran en contacto con el agua fría. Lo que se descubrió en este proceso es que los líquidos transportan el calor y lo disipan más rápido que el aire, por eso dejaron de existir los data centers refrigerados por aire. Meten el agua fría, toman contacto con las placas de los microchips, la sacan caliente y eso hace que baje muchísimo la temperatura. Pero ahí hay otro tema que es el que se está viendo en Estados Unidos en muchas localidades, y es que cuando se descarta el agua del enfriamiento de los microchips, el agua contaminada con este tipo de energía, la vierten directamente sin ningún tipo de tratamiento y está contaminando las napas freáticas de distintos lugares a donde están los data centers, ahí también hay un problema importante con eso.

¿Cómo se posiciona Argentina respecto a la regulación de este tipo de instalaciones? ¿Hay un esquema normativo lo suficientemente sólido como para un proyecto como el Atlas GigaHub?

Lo que aparece acá, sobre todo en América Latina y comparándonos con Brasil y con Chile, que son un poco las referencias de los lugares a donde siempre estamos mirando un poco cómo va el desarrollo, es que nosotros no tenemos regulación específica sobre este tipo de inversión. Entonces, hay quizás una promesa de una gran inversión, pero cuando llega el momento de ver cuál es el contralor y el control del Estado, qué regulación ambiental deben seguir y cuáles son los controles concretos que se van a desarrollar, en ese sentido tanto Brasil como como Chile han avanzado en regulación específica y nosotros todavía este proceso no lo hemos he desarrollado. Y hay algunos antecedentes que hay que mirar con atención en ese sentido. Estados Unidos, que es el corazón del surgimiento de la inteligencia artificial, debe tener alrededor de 5500 data centers instalados en la actualidad. El estado de Nueva York prohibió la instalación de data centers. Ahí hay que hacer una lectura de comparar normativa: de los 50 estados hay 42 que tienen restricciones sobre la instalación de data centers. Siempre lo primero que hacen es decir que se oponen al desarrollo, que hay una lectura sesgada por el ambientalismo, siempre te tiran esa historia. No va por ahí el tema, el tema va por poder establecer pautas y normas de instalación que respondan al bien público, que resguarden el sistema de desarrollo sostenible. Y que no termine siendo una provincia con una emergencia hídrica, que tiene pueblos enteros sin agua, que tiene una historia de pasivos ambientales como la que tenemos en Comodoro, sin ningún tipo de restricción ambiental, donde se instale un data center, sobre todo cuando tenemos antecedentes próximos en el mundo los cuales tenemos que mirar con atención, saber cuáles son sus consecuencias. Porque lo que nos ha permitido ver esta exposición global de la IA son las consecuencias que tiene este desarrollo.

Mirar más allá

¿Es el primer proyecto de este tipo en la región? ¿Hay antecedentes de iniciativas similares en los últimos años?

Esto que se presentó en la Embajada de Polonia no es una novedad, sino que forma parte de todo un proceso de las inversiones que ofrecen a capitales extranjeros vinculados al RIGI y el Súper RIGI. Nosotros tenemos un antecedente, en octubre del año pasado, cuando se anunció la carta de intención que firmó Open IA con Sun Energy. En ese momento la propuesta era una inversión de alrededor de 25.000 millones de dólares y proponía una capacidad instalada de los data center de 500 MW. Pensando que hoy tenemos 73 instalados en Argentina, esto proponía casi multiplicar por siete esa capacidad. Hasta ahora no hay información pública respecto de cómo avanzó eso. Se anunció, se firmó esa carta de intención. Eso tenía que ver también con un desarrollo más político, porque todo apuntaba en ese momento a que esté instalado en Neuquén, con todo el desarrollo de Vaca Muerta. Otro antecedente a tener en cuenta es el de YPF. En algún momento se anunció que se había firmado un acuerdo con Tesla, con Elon Musk, para poder desarrollar un mega data center, fusionando YPF Luz. Ellos pretendían asociarse en ese sentido, con el argumento de poder usar el gas sobrante de Vaca Muerta más la experiencia que tenían de YPF Luz. Hasta ahora, en la escala, el de OpenIA es el más grande. El gobernador anunció que posiblemente la inversión de Atlas GigaHub sea de 3.000 millones de dólares contra los 25.000 de OpenIA, eso es una escala distinta. Si uno hace una cuenta rápida, desarrollar un data center de 100 MG tiene un costo de alrededor de 3.600 millones de dólares, con lo cual podríamos pensar que el desarrollo en Chubut andaría por ese lugar. Son parte de un proceso que está en camino, pero que lo que sí está claro, tanto con el del Open IA como el de YPF, como ahora el de Atlas GigaHub, es que en Chubut que hay una orientación y una decisión política de ir hacia ese lugar, de vincular lo territorial con el desarrollo de las nuevas tecnologías y la gran pregunta sigue siendo respecto de que deja esto al desarrollo sostenible, más allá de una inversión inicial que tiene que ver con la logística y el montaje de estas mega naves que albergan luego los servidores, si uno se pregunta por la soberanía digital, si uno se pregunta por el agua, si uno se pregunta por esta idea de cómo eso derrama después lo más sostenible, que podría tener que ver con el desarrollo de empresas fintech, que tendría que ver con la idea esta de un campus digital que dé trabajo más sostenible y que en definitiva no sea la instalación de un mega desarrollo que consuma recursos naturales a gran escala, que no sean estos desarrollos tan iluminados, tan rodeados de una realidad de pobreza, de difícil acceso a los recursos propios y en el medio de una crisis hídrica como la que la propia Legislatura estableció.

Considerando las problemáticas ambientales y territoriales, ¿cómo analizás el desarrollo de proyectos de esta magnitud hacia el interior de la Patagonia?

Ya hay una condición que el mundo observa sobre Patagonia que tiene que ver con las grandes extensiones de tierra. Uno mira hacia el horizonte y es una pampa que no tiene nada. Es decir que la extensión de tierra no es un problema. Sí es una gran pregunta el acceso a la energía, porque recordemos que los data centers funcionan las 24 horas, los 365 días del año. Yo pienso en función de las realidades de los pueblos de la provincia de Chubut. Localidades como Ricardo Rojas, Lago Blanco estaban sin luz días atrás porque nevó bastante, el acceso al agua en verano ni hablar, respecto de la restricción que requiere, no solamente porque no hay acueducto sino porque los lugares de donde sacamos el agua empiezan a ser cada vez más complejos y difíciles de acceder. Hay un dato importante: en los Estados Unidos casi todos los data centers están ubicados cerca de lagos o de ríos, porque utilizan el agua para poder hacer este tipo de refrigeración que mencioné. En un contexto donde uno tiene un acceso más igualitario al agua, no hay problema, porque de última estos emprendimientos pagarán ese consumo, pero donde tenés poblaciones con un acceso restrictivo a este recurso, hay que tener muy claro qué lugar va a ocupar el consumo de agua en este tipo de desarrollo. De pronto te podés encontrar con que no solo el agua, sino la energía eléctrica se vuelven más inaccesibles todavía porque hay una demanda altísima de este tipo de emprendimientos.