El operativo en El Pedregoso y la trama de títulos que une a la banca noventista con la justicia local. Frente a la avanzada inmobiliaria sobre el Nahuel Huapi, los Lof Kinxikew y Melo defienden la dignidad territorial y el derecho a habitar la tierra.
En el Brazo Huemul y Paso Coihue, donde la cordillera se hunde en las aguas del lago Nahuel Huapi, el conflicto por el Lote Pastoril 42 («El Pedregoso») condensa la matriz histórica de la Patagonia: la colisión irreconciliable entre la vida comunitaria arraigada al suelo y los engranajes de la especulación financiera e inmobiliaria transnacional.
El día 19 de Agosto, adelantándose de manera artera y sorpresiva a la fecha formalmente prevista para el día 20, por orden del Juez Bonorino -miembro de una familia históricamente entrelazada con el negocio inmobiliario regional-, se materializó el violento desalojo en el territorio de Paso Coihue.
Aun con la penumbra de la madrugada, un desmedido e intimidatorio despliegue de efectivos de la Policía de Neuquén irrumpió en la zona del Brazo Huemul, bloqueando el tránsito sobre la Ruta 40 para aislar el predio y neutralizar cualquier intento de acompañamiento y solidaridad de la comunidad de Villa La Angostura y organizaciones sociales. El cambio imprevisto de fecha operó como una emboscada procesal para anular el derecho a la defensa y garantizar la restitución forzosa de la tierra al interés privado.
En medio del frío cordillerano, la respuesta de la comunidad no se hizo esperar: el Lof Kinxikew y el Lof Melo hicieron frente con dignidad al cerco policial para defender las viviendas, los puestos y el espacio de vida comunitaria. Las escenas de tensión se sucedieron mientras la fuerza pública actuaba con rigor desmedido sobre familias enteras, arrancando de cuajo la cotidianidad de niños y ancianos que habitan ese suelo. "Nos adelantan la fecha para agarrarnos desprevenidos, repitiendo la misma trampa con la que despojaron a nuestros abuelos, pero la memoria y la pertenencia a este territorio no se quiebran con una orden judicial", se escuchó entre el dolor y la resistencia frente al avance de las camionetas policiales.
Caída la tarde, se había concretado el desalojo de una parte del territorio del paraje El Pedregoso, correspondiente al Lof Kinxikew, pero no pudieron concretar el desalojo en el otro lado de la ruta, en el territorio de Lof Melo.
"Desde el 2016 a la fecha, intentaron desalojarnos ocho veces. Este desalojo está avalado también por los diputados, por los senadores de este país, que están tratando un proyecto de ley para legalizar la extranjerización de nuestro territorio, que lo vienen haciendo desde el año 1870"
ESCRITURAS DE PAPEL Y DESPOJO ESTATAL
"Durante más de 30 años cumplí mi trabajo como médico generalista en el Hospital Dr. Oscar Arraiz de Villa La Angostura. Me tocó atender a la familia Quintriqueo y Melo durante todo ese tiempo. Es más: una vez por mes íbamos en visita rural a llevarles medicación, controlar su salud y estado de sanidad, y prevenir enfermedades rurales. Jamás de los jamases vi a algún "gringo" o a alguna persona que no perteneciera a esa familia" Dr. Hugo Panessi, médico generalista y exintendente de Villa La Angostura.
La reconstrucción documental realizada por el colectivo de investigación histórica Archivos del Sur (de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer de Villa La Angostura) reveló con precisión quirúrgica cómo el Estado argentino montó una estructura jurídica y burocrática orientada a mercantilizar el territorio:
El origen del loteo (1902-1926): Tras la Campaña al Desierto, el Estado nacional dividió la zona bajo el esquema de la Colonia Agrícola Pastoril Nahuel Huapi. El Lote 42 (de 625 hectáreas) fue adjudicado a concesionarios que no habitaban la zona, pasando de Juan Cobos a Horacio Jones, quien obtuvo la escritura en 1914.
El arraigo material frente al título ausente (1937): Mientras los títulos circulaban en despachos lejanos, Don Marcos Melo y Celia Vergara se establecieron en El Pedregoso en 1937. Allí levantaron su casa, sembraron quintas, construyeron corrales, criaron a sus ocho hijos y convirtieron el puesto en una posta de auxilio para los arrieros cordilleranos.
La intervención de Parques Nacionales y los aserraderos (1950-1965): En 1952 la titularidad pasó a Victorio Cristóbal Gonella y Federico Luth, vinculados a aserraderos y proyectos de loteo. La Administración de Parques Nacionales categorizó a los pobladores ancestrales como «ocupantes precarios», restringiendo su economía de subsistencia mientras habilitaba negocios de explotación forestal.
La expulsión de 1966: Durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, una maniobra administrativa por supuesta «tala ilegal» sirvió de pretexto para que inspectores de Parques Nacionales desalojaran a la fuerza a Don Marcos Melo. Despojado de su hogar tras tres décadas de trabajo, el anciano murió pocos meses después.
La cadena hasta los Broers: Con el territorio vaciado de sus ocupantes originarios, el lote fue transferido en 1965 a la familia Glas, quienes el 16 de diciembre de 1973 lo vendieron a Luis Broers. Tras su muerte ese mismo año, los derechos fueron cedidos a su sobrina, María Cristina Broers.
DEL DESEMBARCO BANCARIO A LA TRINCHERA INMOBILIARIO
La defensa pública y judicial del título de María Cristina Broers no ha sido ejercida de forma aislada, sino bajo la conducción de su pareja, Roy Donaldo Scott (identificado públicamente en cartas de lectores y actuaciones como titular del D.N.I. 4.562.312).
Scott encarna la trayectoria de la elite financiera que protagonizó la reconfiguración económica de la Argentina en la década de 1990:
La extranjerización bancaria: De origen canadiense, Roy Scott fue el directivo principal encargado de los negocios en el país y Vicepresidente Primero de The Bank of Nova Scotia (Scotiabank) cuando la entidad canadiense absorbió el histórico Banco Quilmes en julio de 1997.
El tándem corporativo: En aquella operación, Scott actuó junto a su lugarteniente Anatol von Hahn (quien luego ocuparía altos cargos ejecutivos en la banca internacional de Scotiabank y en fondos de venture capital).
La mutación de la renta: Tras el colapso del sistema financiero en 2001-2002 y la salida del Scotiabank Quilmes del país, las mismas lógicas del capital concentrado se trasladaron a la disputa por el suelo patagónico. En Villa La Angostura, Scott asumió la voz mediática contra las comunidades, exigiendo la ejecución de desalojos compulsivos en nombre de la seguridad jurídica y los derechos de propiedad foráneos.
LA VOZ DE LAS AUTORIDADES ANCESTRALES
Frente a la alianza entre títulos abstractos, poder judicial y fuerza policial, las autoridades comunitarias sostienen la defensa del espacio territorial no como una transacción comercial, sino como la preservación de la vida comunitaria e identitaria.
La Lonko Amancay «Manky» Quintriqueo, máxima autoridad del Lof Kinxikew (Quintriqueo), define el sentido de la permanencia:
«Lo intentaron con nuestros abuelos, con nuestros bisabuelos en la época de Parques Nacionales, y hoy vienen por nosotros. Para ellos la tierra es un loteo en dólares, una postal o una inversión privada; para nosotros es el agua, el bosque, el lugar donde descansan nuestros mayores y donde nuestros hijos aprenden a ser mapuche. Lo que ellos no tienen y nunca van a tener es la resistencia, la organización y el amor que nosotros tenemos por estos territorios.»
Por su parte, el Lonko Lucas Melo, autoridad del Lof Melo y referente del Consejo Zonal Lafkenche, sostiene la legitimidad inquebrantable de la memoria:
«Nosotros no somos usurpadores en nuestra propia casa. En esta tierra está enterrado mi abuelo Marcos, a quien despojaron en el '66 para abrirle paso a los negocios de unos pocos. Cada corral, cada sendero y cada árbol de El Pedregoso tiene la marca del esfuerzo de nuestra gente. Un fallo judicial firmado a espaldas de la historia no puede borrar la sangre ni el arraigo de quienes jamás abandonamos la pertenencia a este suelo.»
SOBERANIA POPULAR FRENTE AL COLONIAJE RENTISTA
El conflicto de El Pedregoso trasciende con creces una disputa de linderos entre particulares. Pone al descubierto la hipocresía de un falso patriotismo que utiliza las instituciones republicanas y las fuerzas de seguridad no para proteger el patrimonio común de la Nación, sino para garantizar la expulsión de familias trabajadoras en beneficio de sectores rentistas y capitales transnacionales.
Desde su génesis en la consolidación del Estado moderno, la Patagonia fue concebida por los sectores dominantes como una factoría de recursos y un coto privado para terratenientes y corporaciones extranjeras. La expulsión sistemática de las comunidades originarias es el eslabón necesario para transformar los bienes comunes -las nacientes de agua, los bosques nativos y las costas de lagos estratégicos- en activos financieros dolarizados.
La verdadera grandeza de la Patria es incompatible con el coloniaje interior. Reivindicar los derechos de los Lof Melo y Kintrikew es un acto de soberanía nacional y de justicia popular: la soberanía no se declama en los despachos donde se liquidan los recursos estratégicos, se ejerce defendiendo a los pueblos que habitan, trabajan, cuidan y defienden nuestro suelo frente a la voracidad del capital especulativo.