Opinión

Edgardo Esteban: "Lo de la embajada de EEUU con Calf es un avasallamiento"

Por Mauricio Rojas

El periodista, escritor y excombatiente de Malvinas, quien presentará en Neuquén sus libros "Hasta aquí llegué" y "La Última Batalla", analizó la situación actual del país y aseguró que "es tiempo de malvinizar y construir soberanía".

El ex combatiente de Malvinas Edgardo Esteban dijo que las declaraciones del embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, quien sostuvo que su país mantiene una posición de "neutralidad" sobre Malvinas, no lo "sorprende", y recordó que ese país siempre tuvo como aliado a Gran Bretaña. También cuestionó al presidente Javier Milei y a integrantes de su gobierno por sus posiciones respecto de la soberanía de las islas. "Tenemos que entender que Malvinas es una cuestión de Estado", apuntó.

Esteban es autor del celebrado libro "Iluminados por el fuego", fue director del Museo de Malvinas y participó en la elaboración de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. En charla con Va Con Firma fue crítico de los periodistas "obsecuentes con el gobierno", aunque admitió que hay "un despertar" del periodismo. "Hay voces nuevas u otros referentes con los cuales yo empiezo a sentirme identificado", expresó.

En la entrevista contó la historia de la recuperación de su cédula militar, que le habían quitado cuando estuvo como prisionero de guerra y que décadas después apareció en una subasta en el Reino Unido. Esa experiencia dio origen a su último libro, "La última batalla", que presentará junto al diputado nacional y excombatiente Aldo Leiva este jueves a las 18.30 en el auditorio de Calf, Mitre 659, de Neuquén capital.

-Va a presentar en Neuquén sus libros Hasta Aquí Lleguéy La Última Batalla junto al diputado nacional Aldo Leiva, ¿qué significa hacerlo justamente en Calf, que en las últimas semanas enfrentó presiones de la Embajada de Estados Unidos?

-Es un tiempo de malvinizar y de construir soberanía. Yo digo soberanizar, porque no es solamente la soberanía terrestre y marítima, sino la educativa, la cultural, la económica, la de los derechos humanos y la comunicacional. Y esa construcción hay que trabajarla en un contexto y un tiempo también que es muy bueno, a pesar de que ahora la FIFA sanciona a la Argentina por sacar esa bandera o ese trapo, que en el mundo demostró que el pueblo argentino, más allá de los gobiernos, tiene memoria, es parte de esa identidad y de esa transversalidad. No es casual que el fútbol y Malvinas se unan, porque cuando jugaba la selección, hace un mes atrás, todos teníamos la celeste y blanca y no estábamos preocupados (por) si éramos de River, de Boca, de San Lorenzo o de Independiente, éramos todos de Argentina. Y el único evento similar es el 1 y 2 de abril, cuando en la vigilia y cuando se conmemoran los soldados del pueblo argentino, en cada lugar, en cada rincón, se ponen las celestes y blancas, un homenaje a nuestros héroes que están allá en las Islas Malvinas, como un faro que nos guía y de una forma marca en una efeméride lo que ahora estamos tratando de construir todos

los días. Y lo que pasó justamente con Calf es una cuestión de avasallamiento, de usurpación, al mejor estilo Braden en los años 50, donde el embajador, aunque hubo otros embajadores, quiere imponer el pie del imperio ante un pueblo que no resigna, más allá de las situaciones actuales y de la política actual, su soberanía, su identidad, su pertenencia y que no creo que se pueda permitir justamente ese avasallamiento que se busca hacer de alguna forma. Y creo que desde esa perspectiva, la actividad y poder estar, no creo que sea casual, creo que es parte de construir memoria, de construir soberanía y fundamentalmente transmitirla a las generaciones venideras, por qué hay que repudiar cuando se quieren meter o nos pretenden ingerir en una política de una cooperativa y por qué tenemos que construir un futuro con relación a Malvinas y particularmente transmitiendo esa historia, esa pertenencia y esa identidad a las generaciones venideras. Así que me parece que es un momento muy importante para poder compartir, para poder hablar, para poder entender por dónde pasa nuestra historia, rescatar nuestra historia cuando hay un gobierno que pretende borrar o esconder o no dejar florecer todo lo que significa nuestra historia argentina.

-¿Qué opina de lo que dijo el actual embajador, Peter Lamelas, respecto de Malvinas, en el sentido de que Estados Unidos mantenía su posición de neutralidad?

-A mí no me sorprende porque los Estados Unidos siempre tuvo un aliado incondicional. Lo vivimos en el conflicto bélico del Atlántico Sur, cuando estaba el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y ellos, en lugar de asumir esa responsabilidad o esa integración regional y repudiar a un enemigo externo como era Reino Unido, en un territorio que es parte de América Latina, como nuestras Islas Malvinas, apoyó a su aliado y hoy lo dice en función de esa alianza. Porque Malvinas no son dos islitas, como pretendió un expresidente decir, son casi 6 millones de kilómetros cuadrados nuestra plataforma marítima austral, de lo que significa el mar Antártico, lo que significa nuestro territorio Antártico, porque Argentina tiene un mapa bicontinental, y hay una base ahí, en nuestras Islas, que es la base más grande que hay en el hemisferio sur, una base que tiene alianzas con la OTAN, y desde esa perspectiva, es decir, ellos pretenden el control de nuestro Atlántico Sur. Si hay un terremoto en Panamá, como lo hubo en Colombia, o lo hubo en Venezuela, ¿por dónde van a pasar, no por meses, sino por años, los barcos de gran calado del Atlántico al Pacífico? Por nuestro Atlántico Sur. Y dentro de algunos años se va a discutir el Pacto Antártico, y ellos están buscando romper, o que se acabe el Pacto Antártico, para empezar a penetrar, con esa mirada de imperio, hacia el continente blanco, para no solamente buscar los hidrocarburos y los alimentos que puedan haber debajo de la nieve, sino fundamentalmente la mayor reserva de agua que hay en el planeta. Hoy Malvinas, además de esa base militar, de tener armamento nuclear, es uno de los lugares con mayor ingreso per cápita, por los recursos que van recibiendo de la pesca ilegal de nuestro calamar, unos 400 millones de dólares. Hoy Malvinas está aliada a dos empresas israelíes que piensan explotar nuestro petróleo, y desde esa perspectiva es una colonia que es elegida por un virrey, y la gobernadora la designan desde Londres. Entonces, tenemos que entender que Malvinas es parte de nuestra identidad, es parte de nuestra pertenencia, pero cuando hablamos de Malvinas, Malvinas es el acuífero guaraní, Malvinas es Lago Escondido, Malvinas es el litio, Malvinas es lo que le pasó y ese avasallamiento a la cooperativa Calf. Y creo que desde ese lugar tenemos que entender que tenemos que soberanizar, como te decía antes, construyendo esta pertenencia, y hablando, y visibilizando, y no callando en un contexto tan difícil como también lo es el gobierno de Javier Milei.

-¿Qué le parece la política de Javier Milei sobre Malvinas y, sobre todo, que se considere fanático de Margaret Thatcher?

-Sí, bueno, el presidente Javier Milei... Primero, que la ministra Monteoliva haya dicho que no se podía ir con nuestra camiseta argentina de las Islas Malvinas a un partido, a una semifinal del Mundial, ya es ridículo, porque está en la disposición transitoria primera de nuestra Constitución Nacional y es parte de nuestro derecho, como son una camiseta de la selección o una bandera de Argentina. Malvinas es parte nuestra y es absurda la sanción que estamos teniendo por estas horas, porque nosotros lo que hicimos fue decir: esto es Argentina. No se hizo algo que está fuera del contexto de nuestra Constitución Nacional. Tenemos un ministro de Defensa que dice que el hundimiento al crucero General Belgrano no fue un crimen de guerra, cuando se hizo fuera de la zona de exclusión, en el medio de una negociación, el primero de mayo de 1982, cuando ya habían comenzado los ataques británicos y hubo un impasse de 12 horas, en una negociación que estaba el presidente de Perú, el secretario general de Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar, y en el medio de esas negociaciones, que eran siete puntos por negociar entre el gobierno de la Argentina, que estaba representado por Perú y por Brasil, y el Reino Unido por Francia y Estados Unidos, Margaret Thatcher decide hundir al crucero General Belgrano. Y en ese contexto, el único punto que no se pusieron de acuerdo fue el de la autodeterminación de los habitantes de las islas, que el propio Milei, en el discurso del 2 de abril del 2025, reivindicaba como una cuestión de entregar nuestra soberanía a habitantes que son usurpadores de nuestro territorio nacional. El que la definía muy claro era Arturo Jauretche cuando decía: "Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende". Y creo que acá, con lo que pasó con la Ley de Tierras, que, por suerte, gracias a Malvinas, a lo que significó esta pertenencia, se pudo frenar, porque hubo como un... no un despertar, pero no tomamos la dimensión de lo que significó esto. Porque uno que vivió el 86 con los dos goles de Maradona, en el medio del silencio, de cuando volvimos de la guerra, que nadie quería hablar, esto que pasó ahora, con el trapo, con la selección, con el triunfo a los ingleses, con estas sanciones mismas que estamos teniendo por esta hora, es por la repercusión. Hoy, nuevamente, Malvinas se ve en todo el mundo. Son 10 mil dólares, que no corresponden, pero gracias a ese trapo y a esta sanción, hoy, en estos momentos, el mundo, porque el mundo es muy apasionado por el fútbol, está hablando nuevamente de Malvinas. Mirá si no es importante. Y ojalá que lo tomen como eje los políticos, porque no alcanza con los murales, con las banderas, con los trapos, con las hinchadas de fútbol, con los carteles, con los colectivos, con los kilómetros, con los monumentos maravillosos que hay en Zapala. ¿Sabes por qué no alcanza? Porque si no hay una decisión política de entender que Malvinas es una cuestión de Estado, y que tiene que perdurar por siempre, y que tenemos que seguir exigiendo al Reino Unido que se siente del hogar, pueden pasar cinco, cincuenta o cien años y nosotros, el pueblo, no vamos a ceder en este reclamo. Pero los gobiernos tienen que entender, o el próximo gobierno, o en el debate que se haga para quien sea el próximo presidente o presidenta de Argentina, Malvinas esté como parte del discurso y de las propuestas de campaña.

-Usted tuvo participación en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. ¿Cómo ve los medios hoy, en este contexto, con un Milei que destila mucho odio y tanta violencia?

-Gabriel García Márquez decía que la ética es al periodismo como el zumbido al moscardón. Se ha perdido el respeto. No existe la ética. La ética, lo que es la ética periodística, seguramente que la mía no es la de muchos periodistas que son obsecuentes con el gobierno, o los que deben cobrar pautas, porque uno cree en el periodismo, en la transparencia. Yo decidí hacerme periodista cuando subí al Canberra, y siempre dije que quería luchar contra las hipocresías, y ahora hay un periodismo que tiene rasgos de hipócrita. Pero creo que también hay un despertar del periodismo. Yo siento que estaba como desganado o descreído, y ahora veo como que hay voces nuevas u otros referentes con los cuales yo empiezo a sentirme identificado y a creer que hay que entender que no pasa por el gobierno que está, sino por las convicciones de lo que es no callar y decir la verdad. Y me parece que desde esa perspectiva hay un nuevo viento del periodismo, distinto a los que siempre son los obsecuentes con los gobiernos de turno y que están negando, como si fuese el rey desnudo, una realidad de la Argentina que está pasando, y que, desde el poder, desde la soberbia, desde la altura, los números, lo que tiene que ver con lo que es el mercado, el comercio o el poder de las grandes corporaciones, no dejan ver una realidad. Entonces, ¿de qué sirve todo lo que estás haciendo? Yo he ido por la ruta que va desde 25 de Mayo La Pampa a Neuquén, por el camino de la Conquista del Desierto, y no hay una política para reparar esos baches o esas rutas cuando, hablábamos hace un ratito de Malvinas, se recaudaron 400 millones de dólares por año de regalías pesqueras. Desde el año 83 hasta el 2021 se estima unos 187 mil millones de dólares. ¿Cuántas rutas estarían mejor? ¿Cómo estarían las escuelas? ¿Cómo mejor estarían los jubilados, los docentes, la investigación científica, los hospitales, la salud, los salarios? Me parece que por eso hay que seguir luchando y seguir soberanizando, y en este caso, como te decía antes, trabajar desde Malvinas como elemento fundamental de nuestra identidad nacional.

-¿Qué podrías contarnos del libro La Última Batalla?

Este es mi octavo libro, el séptimo es el otro que presentamos, que es Hasta aquí llegué. Yo presento mis dos libros. Voy acompañado por el diputado nacional Aldo Leiva, también excombatiente de Malvinas. La Última Batallaes un libro que se presentó en marzo de este año. Tuve la suerte de que fue uno de los libros más vendidos en la Feria del Libro, ahora fue uno de los libros más vendidos en la Feria de Editores, y cerramos hasta un ciclo en España sobre la historia argentina y sobre los 50 años de la dictadura. Pero es un libro que ha tenido un recorrido maravilloso, que es sobre la identidad. Es a partir del 16 de junio del 82, un oficial británico, de apellido Sinclair, cuando subo como prisionero de guerra al buque británico Canberra, me hace la requisa, me saca todas mis pertenencias, entre mis pertenencias mi cédula militar, y que, en el año 2020, el primero de noviembre del año 2020, en un remate en eBay, se vende en el Reino Unido a 1.750 libras esterlinas, y la compra un coleccionista de trofeos de guerra. A partir de esa situación, yo era director del Museo de Malvinas, en ese contexto, en el Museo Nacional, le decía a todo el mundo que lo iba a recuperar, todo el mundo me decía que estaba loco, que no me hiciera mala sangre por un cartón con una foto, hasta mi amigo León Gieco me decía: Edgardo, ¿qué vas a hacer? ¿No vas a hacer esa locura? Y yo dije: lo voy a recuperar. Gracias a Damián Loretti, recién hablábamos de la Ley de Comunicación Audiovisual, que fue uno de los autores, que me dijo que había dos artículos de la Convención de Ginebra y hablaban sobre que no se podía sacar la identidad de un soldado, porque era el único donde estaba anotado mi factor sanguíneo, y era mi identidad. Había que hacer la denuncia, pero no en Argentina, sino directamente en el Reino Unido. Ahí salí a buscar un abogado, encontré, gracias a la Embajada Argentina, un abogado argentino, que era DJ en La Plata, se enamoró, se fue a vivir a Londres con una chica inglesa, y él me dijo: yo te voy a ayudar. Y empezamos a presentar sistemáticamente la denuncia en Scotland Yard, en delitos de guerra, y a pesar de que venía la Embajada Británica, yo nunca la atendí, o algunos referentes con buena intención querían comprarla, yo dije: quiero que me la devuelvan en mano, porque es mi identidad. Y después de dos años largos de perseverancia, logré recuperar mi identidad, mi cédula militar, y el 7 de abril del 2022, a pocos días de los 40 años del conflicto bélico en el Atlántico Sur, me llama el abogado diciendo que Scotland Yard estaba yendo a la casa de este coleccionista, que me ninguneaba, que me chicaneaba, que me decía que no me la iba a devolver porque era de su propiedad, porque la había pagado. La policía fue, le sacaron mi cédula militar, 44 fotos, que él suponía, porque me sacaron también la cámara de fotos, que eran de mi propiedad, que no son mías, que están buscando a sus dueños, y el 16 de junio, en la Cancillería Argentina, en el Palacio San Martín, me devolvieron mi identidad y las fotos. Así que, a partir de ahí, decidí escribir este libro, en formato de novela, donde también hay un desarrollo de lo que fue la batalla final de Puerto Argentino, los campos de prisioneros y, fundamentalmente, todo el transitar como prisionero de guerra en el Canberra, con un presente que era en el medio de la pandemia, hay que acordarse que hubo una pandemia mundial, y en ese contexto también el vínculo y la relación que hubo con el que compró, el coleccionista de mi cédula militar, y todo lo que pasó después. Y cierro con dos capítulos, que uno es cuando el papa Francisco me invita a hacer una experiencia inmersiva que hacíamos en el Museo Malvinas, en su casa de Santa Marta, en el Vaticano, y ahí me bendice la cédula militar. Y el año pasado vamos con Aldo Leiva y con su hijo, y con mi hijo, vuelvo a Malvinas, cerramos el círculo con la cédula militar, y bueno, hasta ahí llegamos, con la cédula para cerrar el círculo y reconciliarme con esa parte de mi historia. Es una experiencia maravillosa, que seguramente ahora el jueves la vamos a contar ahí en la sede de Calf.

Fuente: Va Con Firma