El CONICET atraviesa hoy una crisis profunda, con becas paralizadas, proyectos suspendidos y fuga de cerebros en el marco de un ajuste más amplio al sistema científico que muestra los peores números en los últimos años. El recorte impacta en todas las áreas de conocimiento, incluso aquellas que el propio Gobierno define como prioritarias. Sebastián Barros, docente e investigador de la UNPSJB, explicó a El Extremo Sur el funcionamiento del organismo y las consecuencias de las decisiones del Ejecutivo. El escenario no se limita al CONICET: Barros advierte que el Gobierno "está apuntando efectivamente a la destrucción estructural de todo el sistema nacional científico y tecnológico, el INTA, el INTI, la Comisión Nacional de Energía Atómica, el CONICET, todas las áreas están pasando por problemas similares".
Becarios a la deriva y sin presupuesto
La ciencia en Argentina viene acumulando una caída inédita, con presupuestos que perforan mínimos históricos y en medio de un reclamo constante por mejoras en las condiciones de trabajo. Según el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI) la caída de la Función Ciencia y Tecnología del Presupuesto Nacional alcanza en 2026 el 9,2%, acumulando 45,7 puntos de pérdida real desde 2023.
El ajuste se traduce en una menor cantidad de becarios y recursos limitados para llevar adelante la generación de conocimiento científico. Por otro lado, la delicada situación salarial hace que muchos profesionales opten por renunciar a sus labores de investigación y dedicarse a empleos en otras áreas o incluso en el exterior.
El escenario se agravó en julio de este año, cuando vencieron las becas de los investigadores posdoctorales del CONICET. Hasta ese momento se otorgaban prórrogas mientras los becarios esperaban los resultados de los concursos de ingreso a la Carrera de Investigador Científico y Tecnológico (CIC). Sin embargo, el Gobierno decidió suspender las prórrogas, lo que implica la pérdida de continuidad laboral para 379 becarios.
En diálogo con El Extremo Sur, el docente, investigador y director del Instituto Multidisciplinario para la Investigación y el Desarrollo Productivo y Social de la Cuenca Golfo San Jorge (IIDEPYS) de la Universidad de la Patagonia, Sebastián Barros, explicó el funcionamiento del CONICET y la repercusión del recorte presupuestario en las trayectorias laborales de becarios e investigadores.
"Hay todo un grupo de becarios que están haciendo sus tesis doctorales, que es el espacio donde quizás se genera mayor conocimiento original, porque son los momentos en los que se presentan proyectos originales, de trabajos nuevos, que están dentro de proyectos o programas de investigación más amplios, entonces son muy importantes para el conocimiento científico y para la creación de conocimiento nuevo. Todas esas personas están en una situación gravísima", sintetiza Barros.
Afirma que "el salario de las becas es bajísimo". Detalla que en la actualidad, una beca doctoral del CONICET ronda $1.200.000 por mes, una cifra que queda muy por debajo de la canasta básica en Patagonia que ya trepa a los 2 millones.
Advierte que "además son becas que implican una dedicación exclusiva, es decir que yo solo puedo tener, además de eso, un cargo en la Universidad de dedicación simple y esos son todos los ingresos que esas personas pueden tener".
"Nosotros ya estamos perdiendo becarios en la Universidad Nacional de la Patagonia; en Comodoro Rivadavia, y en todo el país, se están perdiendo porque renuncian para retomar los trabajos que ya tenían antes o para buscar trabajos nuevos, porque la verdad es que la situación es insostenible", apunta.
El ajuste es transversal a todas las áreas de Ciencia y Técnica: Según el último informe elaborado por el Grupo EPC, a julio de 2026 y tomando como base el mes de noviembre de 2023, los salarios en el CONICET cayeron 40,5%, los trabajadores de ciencia agrupados en el Sistema Nacional de Empleo Público (SINEP) perdieron un 32,1% y las remuneraciones en Universidades Nacionales lo hicieron en un 23,8%.
"Eso genera muchos problemas para los proyectos y los programas porque se quedan sin esa pata de conocimiento, sin esos problemas que se iban a trabajar en esas tesis y en esos planes de trabajo", explica el investigador.
Además de las becas doctorales el CONICET ofrece la posibilidad de concursar para becas posdoctorales, con una duración de 3 años, que permiten dar continuidad al trabajo científico antes de ingresar a la Carrera de Investigador.
"La razón de esas becas es precisamente poder seguir con esos trabajos originales que se venían produciendo durante los 4 o 5 años que dura el doctorado. Es decir que la persona pueda seguir preparándose para el ingreso a la carrera de investigación y creando conocimiento original, dando a conocer ese conocimiento, transfiriendo esa experiencia de conocimiento a la vida comunitaria, a través de servicios tecnológicos, servicios científicos, asesorías, consultorías con el Estado, con empresas privadas", señala.
Hasta hace poco, las becas posdoctorales eran renovadas mientras el becario esperaba la respuesta sobre su ingreso a la Carrera de Investigador, una medida que les permitía evitar quedar un "limbo" laboral debido a la extensa duración de los procesos de evaluación.
"Las becas se renovaban para que la persona no quedara en ese limbo, de que por un lado no tiene la beca porque se le terminó pero todavía no sabe si ingresó a la Carrera de Investigador", precisa Barros y opina que la medida del Gobierno "es terrible, porque deja a las personas frente a una situación sumamente incierta de no saber qué va a ser de su futuro laboral, con la fuga que eso implica de gente formada".
A esto se suman los inconvenientes que reclaman quienes postularon para la Carrera de Investigador en 2022, fueron aceptados en 2023 y aún no son dados de alta. Se trata de unos 845 aspirantes que permanecen en la incertidumbre, mientras el Gobierno argumenta que su ingreso está supeditado al presupuesto del organismo.
"Es decir, la persona hace el doctorado con una beca pobrísima. Hace su beca posdoctoral con una beca pobrísima. Después no sabe si se le renueva o no. Cuando efectivamente ingresan a la carrera de investigador, las personas que fueron aceptadas para su ingreso en 2023 todavía no tienen el alta, es decir, no están cobrando su salario, no están teniendo aportes, están sin protección de salud", resume Barros.
"La persona tiene la aceptación para ingresar a la Carrera, pero por otro lado la Secretaría de Empleo no le da el ingreso a la Administración Pública Nacional; ahí están en otro limbo, tienen un trabajo pero a la vez no lo tienen, es una receta para el desastre, se mire por donde se mire", opina.
En este escenario, afirma que el Gobierno "está apuntando efectivamente a la destrucción estructural de todo el sistema nacional científico y tecnológico, el INTA, el INTI, la Comisión Nacional de Energía Atómica, el CONICET, todas las áreas están pasando por problemas similares".
Según los datos del CIICTI, el ajuste en la ciencia es transversal: cada uno de los organismos reclama caídas presupuestarias, congelamiento de salarios, suspensión de proyectos y despidos. El Sistema nacional de Ciencia y Tecnología registra una caída general del 45,7% respecto a 2023, con cifras que se agravan en algunos organismos. La Agencia I+D+I es el sector más perjudicado, ya que perdió el 87,8% de su presupuesto en los últimos tres años. Le siguen el ex Ministerio Nacional de Ciencia y Técnica -actualmente Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología- con una caída del 85,3% y el INTI, con una caída del 54,1%.
La situación también es compleja para quienes están más avanzados en la carrera de investigación. Barros precisa que la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que financiaba programas de investigación en Argentina a través de préstamos externos del Banco Interamericano de Desarrollo, dejó de ejecutar los fondos.
"La Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica desapareció prácticamente. Y ahora quizás vuelve a dar algún pobre financiamiento para proyectos de investigación. Es decir, que quienes ya estamos en la carrera y veníamos funcionando con las becas, dirigiendo las becas doctorales que generaban ese conocimiento original, dirigiendo las becas postdoctorales que siguen con ese desarrollo y comienzan a vincularse con el medio, no tenemos financiamiento para investigar absolutamente nada", explica.
El recorte afecta la capacidad de adquirir equipamiento, reparar equipos y contratar personal técnico para los laboratorios. Cabe remarcar que hace tres años no hay ingreso de personal de apoyo, por lo que, entre renuncias y jubilaciones, el número es cada vez más reducido.
El impacto del ajuste en la Patagonia
El CONICET cuenta con 17 Centros Científico Tecnológicos (CCT), que son dependencias regionales distribuidas a lo largo de todo el país que permiten descentralizar y coordinar proyectos de investigación en territorio.
En la Patagonia funcionan dos centros: el CENPAT (Centro Nacional Patagónico) y el Centro Científico Tecnológico Patagonia Norte. Ambos están destinados al desarrollo de proyectos científicos y tecnológicos en una amplia variedad de áreas clave para el territorio.
El CENPAT desarrolla un abanico de investigaciones que abarcan la biología y el manejo de recursos acuáticos y terrestres, la oceanografía y meteorología, las ciencias sociales, la geología, la paleontología, y los estudios de diversidad, sistemática y evolución. El eje central de la mayor parte de las investigaciones es el aprovechamiento de los recursos naturales de la región.
Según datos del 2024, está compuesto por un total de 584 personas, entre investigadores (250), becarios (224), personal de apoyo (86) y personal administrativo (24). Posee 9 unidades ejecutoras en Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia y San Antonio Oeste.
El Centro Científico Tecnológico Patagonia Norte es una dependencia desconcentrada del CONICET y comprende la zona andina de las provincias de Río Negro, Neuquén y Chubut. Su objetivo principal es generar un ámbito de desarrollo y ejecución de proyectos de investigaciones científicas, tecnológicas y de desarrollo orientadas a los requerimientos y necesidades locales y regionales. De su administración dependen 7 institutos ligados a universidades de la región y organismos públicos.
Está integrado por unas 833 personas (437 investigadores, 357 becarios, 23 profesionales y técnicos de apoyo y 16 administrativos) que desarrollan sus tareas en institutos de investigación del CONICET y en otras instituciones ligadas al Centro.
Según explica Barros, el impacto del ajuste en los institutos del CONICET es profundo, ya que son de doble pertenencia, tanto del organismo como de las universidades nacionales. El investigador es director del IIDEPYS, una Unidad Ejecutora dependiente del CCT CENPAT. El instituto lleva adelante investigaciones destinadas a la resolución de problemáticas ambientales, biológicas, económicas, sociales y humanas, así como la valoración de servicios ecosistémicos en la cuenca y el desarrollo de tecnologías en la región.
"Hemos perdido becarios que han renunciado a las becas, tenemos investigadores que están buscando para irse al exterior, que tienen pasantías en el exterior y a los que se les dificulta volver", precisa respecto a la situación local. Una de las causas es la caída en los ingresos: a la fecha, los salarios de CONICET perdieron cerca del 46% del poder adquisitivo frente a la inflación. "El panorama es patético. Hay una manifiesta voluntad de destruir el sistema científico tecnológico", subraya Barros.
El ajuste presupuestario está acompañado de una reestructuración de los ejes prioritarios del sistema científico y un discurso promovido por el propio Gobierno que apunta a la "inutilidad" de las tareas que se realizan en el CONICET. Barros explica que, al contrario, el trabajo de las universidades y los CCT son clave para dar respuesta a múltiples problemáticas de la vida social.
"El ejemplo más relevante hoy para la realidad de Comodoro es el Cerro Hermitte: tenemos una masa de investigadores e investigadores que están trabajando con el análisis de los suelos, para pensar el aterrazamiento, observando y controlando el movimiento del cerro -explica-; ahí hay una masa de conocimiento que se va generando y que permiten que hoy funcione ese aterrazamiento, eso pasa por la creación de conocimiento científico local".
"Si uno tuviera que empezar de cero con el conocimiento de todos esos materiales, con el conocimiento de cómo se comportan si llueve, si no llueve; cómo se comportan los cerros de esa formación geológica específica que son una particularidad de Comodoro, habría que traer una empresa u otros grupos de investigación, y se caen cuatro cerros más, es difícil de encontrar algo más conectado a la realidad", apunta.
Señala, por otro lado, el vínculo directo de las Ciencias Sociales con la obtención de datos que definen luego las políticas públicas. Y advierte por las consecuencias -políticas y sociales- de ignorar esa producción científica: "El tema del transporte, por ejemplo, hay un grupo de investigación de la Universidad de Comodoro que sugirió cambios y al cual no se le prestó atención, ahí vemos el resultado cuando se dice que la ciencia no tiene nada que ver con lo que sucede en la vida real".
"Ahí se ve el impacto, y es que hoy yo no puedo ir en colectivo a mi casa o tengo que esperar una hora y media que pase en colectivo, porque alguien no le prestó atención a esos científicos y científicas que están pensando el sistema de transporte acá y en otros lugares", agrega.
Los legisladores, ausentes
El pasado 10 de agosto, directores de institutos de doble dependencia UNPSJB-CONICET convocaron a una reunión de trabajo con legisladores nacionales para presentar las líneas de investigación que desarrollan y exponer las problemáticas que atraviesan en medio de la crisis del sistema nacional de ciencia y tecnología.
Durante el encuentro se hicieron presentes sólo dos diputados nacionales José Glinski y Juan Pablo Luque. Barros remarca que "incluso uno de los legisladores que ni siquiera contestó la invitación es parte de la Comisión de Ciencia y Técnica del Congreso". Y explicó la importancia de que, tanto la ciudadanía como el arco político tengan en consideración el rol del desarrollo científico a la hora de apoyar ciertas decisiones.
"La gente no tiene por qué saber qué se hace a nivel del desarrollo científico, no tiene por qué saber que se hace dentro de una Universidad o del CONICET, pero lo que sí tiene que hacer antes de decir que eso está desconectado de la realidad o que no genera ningún beneficio para la vida social, es informarse un poco", cuestiona. "Es solamente una búsqueda en Internet donde uno busque ‘CONICET', ‘Universidad', ya aparecen los institutos y cada uno tiene información sobre los proyectos en vigencia y los servicios que provee".
"En el caso de los representantes y las representantes, ellos sí tienen la obligación de estar un poco más informados, creemos que no lo están, por eso los llamamos, para que cuando levanten una mano en el Congreso sepan realmente qué efectos va a tener ese voto, porque creemos que ahora no lo conocen, y votan por otras razones, pero no votan conociendo cuál es la realidad del sistema nacional científico y tecnológico", apunta.
Los problemas de la ciencia argentina a largo plazo
El sistema científico hoy está atravesado por una discusión, encabezada por el Gobierno nacional, sobre los criterios para definir el financiamiento a ciertas líneas de investigación. La actual gestión apunta a fortalecer "áreas estratégicas" vinculadas a la minería, la tecnología nuclear, las energías renovables, la inteligencia artificial y la robótica, entre otras, en detrimento de áreas clave como las Ciencias Sociales.
"Hay un sistema de prioridades. Eso ya venía existiendo, nada de lo que está haciendo este Gobierno es novedoso -salvo la destrucción estructural-, porque los temas prioritarios ya existían", señala Barros. Este esquema está definido por la Ley Nacional de Ciencia y Técnica, donde se definen las áreas de investigación que deben ser reforzadas a través de financiamiento específico.
Sin embargo, advierte que el Gobierno no cumple con esa ley, y además, "informa otros temas prioritarios para los cuales se está lanzando algún financiamiento, pero que de todas formas es pobrísimo, es decir que ni siquiera está financiando los temas que aparentemente le interesaría que se investiguen".
"Es decir que esos temas prioritarios tampoco se financian y además dejan por fuera un montón de temas de investigación que son centrales, por ejemplo, para la soberanía energética, la soberanía de los mares -agrega-; la verdad que es incomprensible, y es una irracionalidad total lo que está haciendo el Gobierno".
Lo más grave, para Barros, es el panorama que quedará a largo plazo tras años de desfinanciamiento y una importante pérdida de recurso humano: "Eso va a ser un problema gravísimo porque lo que se destruye en dos años después tardamos diez en construirlo".
"Si yo ahora no tengo financiamiento para seguir con las líneas de investigación, seguir con personas que puedan obtener datos de un determinado equipo, que esos datos sean parte de una partecita de conocimiento que alimenta un proyecto más amplio para estudiar, entonces tengo que llamar nuevamente a becas, que tardan cinco años en generar ese conocimiento, después pasan a ser otros tres años y así sucesivamente", explica. "En definitiva, todo lo que se está destruyendo en cuatro años vamos a tardar diez, quince o más en volver a tener el ritmo con el que veníamos produciendo y trabajando", concluye.