Política

¿Cuánto le importa a Alberto y a Cristina el padecimiento de los chubutenses?

Por Arturo Haffner

La especulación política es más fuerte que las implicancias sociales. Es lamentable, pero así funciona la política. Chubut sufre la peor crisis de su historia en todos sus aspectos: sociales, económicos, culturales y financieros. También, políticos y empresariales. Un letargo profundo que viene desde hace años y que cada vez provoca heridas más crueles en gran parte de su población.

Hace poco circulaba en las redes sociales un mensaje ingenioso dirigido al gobernador de Chubut, pero no solo a él: "Decí Mariano que todavía Alberto no se enteró de lo que pasa en Chubut, porque el día que se entere él, que nos cuida tanto, no te va a perdonar". El mensaje entrecruza la ironía con el deseo inocente de una sociedad que todavía piensa en salvadores.

Alberto Fernández obtuvo en la última elección el 51,83% en la provincia de Chubut. Los números develan cierta esperanza de un pueblo que no tuvo ninguna respuesta. Si bien es cierto que el presidente de la Nación nada tiene que ver con la crisis de Chubut y que la responsabilidad recae inexcusablemente sobre el gobierno de Arcioni y en aquellos que lo antecedieron, también es cierto que Fernández se llamó a silencio.

El presidente y sus funcionarios -como el mismo ministro de Educación de la Nación- decidieron callar ante la situación agónica de una provincia en la que se denuncian violaciones a los derechos humanos por abusos policiales; callar cuando los docentes

-que parecen estigmas crónicos de una sociedad hipócrita- no cobran desde hace 64 días; callar ante el pago escalonado para todo el sector público; callar ante el aumento desmesurado de los sueldos de la planta política. Callar siempre durante largos meses. Cuando todo sucede al mismo tiempo, en un contexto tan crítico y sensible como una pandemia, el silencio se puede convertir en complicidad. Porque la política se significa con gestos y justamente eso es lo que falta de parte de un gobierno nacional que tanta empatía muestra en distintas circunstancias. El silencio proviene tanto de Alberto Fernández como de Cristina Fernández, quien -según fuentes directas del Instituto Patria - mostró su descontento puertas adentro y exigió que se haga "algo" con Chubut, territorio que conoce al detalle desde que lo recorría junto a su esposo.

No se desconoce el delicado y vulnerable equilibrio de poder que asume esa especie de triunvirato que integran en distintos escalones de poder Fernández, Fernández y Massa. Sin embargo, los tres callan ante una provincia expuesta a la más absoluta vulnerabilidad, cuya sociedad nunca apeló a la violencia como forma de reivindicación. Una muestra de verdadera conciencia republicana.

Afrenta tras afrenta, el silencio envuelve el triunvirato revelando que la especulación política es más fuerte -praxis pura- que el posicionamiento simbólico.

¿Importa Chubut?

Una provincia donde los votos para él presidente -y fundamentalmente, para su Vice- superó el 50% es una provincia que merece un gesto, una declaración pública de repudio, un abrazo de apoyo. Algo.

Porque el silencio de aquellos que fueron la esperanza de un cambio exhiben una nueva forma de connivencia en la que los intereses políticos o el control de daños mediáticos pueden más que el padecimiento social.

¿Será que Chubut importa solamente por la posibilidad de obtener en su territorio importante divisas a través de la minería insustentable y no por su gente?

¿Cuándo fue que Chubut se convirtió en una ecuación económica? Parafraseando a Walter Benjamin cuando analiza el cuadro de Paul Klee: mirar para atrás y ver ruinas. Eso es hoy Chubut: ruinas de una sociedad desintegrada por la corrupción en todos sus niveles.

Ese gesto que muchos temen pedir porque creen falsamente que al hacerlo caerían en una telaraña opositora no resolverá los problemas de la provincia. Es cierto que no pagará los sueldos. No hará que se respeten las libertades civiles. No priorizará el pago de los empleados por sobre la deuda. Nada de eso sucederá solamente con un gesto.

Sin embargo, si ese gesto se emitiera desde la máxima conducción político-institucional de la Nación constituiría algo significativo, un resquicio de apoyo, agua en el desierto.

Fernández y Fernández harían "algo" que el pueblo chubutense espera de sus máximos representantes. Algo que vale mucho y retumbaría ante la nada que ofrece un gobierno provincial cebado en el autoritarismo y al cual nadie le pone límite hasta ahora. Sería muy doloroso tener que responder "nada" a la pregunta formulada en el título de este artículo.