El 17 de febrero de 1883 y el comienzo de una guerra que no fue entre Argentina y ChilePor Adrián Moyano
Los dos ejércitos ultimaban la conquista del territorio mapuche. Buenos Aires y Santiago habían acordado los futuros límites en 1881, pero dos años después, nadie sabía por dónde pasaban
A raíz del desconocimiento del territorio que los dos ejércitos pretendían suyo a pesar de tener que conquistarlo, tropas de Chile y la Argentina protagonizaron un tiroteo en inmediaciones la laguna Icalma, que después de la demarcación, quedó del lado chileno. Como consecuencia, los partes militares apuntaron siete caídos chilenos y otros tres argentinos. En Buenos Aires y Santiago se pidió ir a la guerra, pero finalmente, la diplomacia prevaleció.
El enfrentamiento que tuvo lugar el 17 de febrero de 1883 tuvo unos condimentos desde la perspectiva chilena, que el coronel argentino Díaz omitió mencionar en sus partes. El día anterior, supo el comandante del fuerte Lincura "que a las inmediaciones de la laguna de Galletué se encontraban acampadas tropas argentinas, arrebatando algunas familias del Cacique Quipo y que éste, con cien mocetones se aprestaba para repelerlo y defenderse", según cronistas del Ejército de Chile.
Para el teniente Domingo Rodríguez, la preocupación se redujo a evitar "un conflicto entre los indios y la tropa argentina en territorio chileno", según la reconstrucción de un militar chileno. Con ese ánimo, partió al frente de 30 soldados hacia donde suponía que se encontraba la partida argentina, con la intención de pedir su retiro hacia el límite o bien, averiguar por qué se encontraba en su jurisdicción. Al encontrarse las dos fuerzas, Rodríguez ordenó al alférez Norambuena que fuera a parlamentar con el jefe argentino. A pesar de la bandera blanca, los hombres de Díaz abrieron fuego cuando el joven oficial apenas se había distanciado 30 metros de sus filas.
Con la primera descarga, cayeron dos efectivos chilenos, de manera que Rodríguez ordenó responder y el combate quedó entablado. Parcialmente protegidos por las escabrosidades del terreno, los argentinos sorprendieron a los chilenos expuestos, mientras se desplazaban por un arenal. "Varios grupos de indios armados de lanza estaban a los flancos de los combatientes, esperando que terminara el combate para hacerse cargo de los despojos", según interpretó Leandro Navarro Rojas, el historiador militar trasandino que utilizamos como fuente.
Keupü (el Quipo del parte) y sus guerreros debieron observar atónitos cómo sus perseguidores de ambos bandos, se cocían a tiros entre ellos. Rodríguez hizo calar bayonetas, pero advirtió que una carga frontal tenía pocas posibilidades y ordenó la retirada, después de sufrir seis muertos y tres heridos. Calcularon los chilenos en tres a las bajas mortales entre los argentinos, más un número indeterminado de heridos.
Efectivamente, casi toda la caballada del coronel Díaz, quedó en manos de los lanceros que presenciaran el insólito entrevero. Al conocerse los acontecimientos en las ciudades argentinas y chilenas, las respectivas opiniones públicas se escandalizaron, pero finalmente los gobiernos acordaron minimizar el derramamiento de sangre y canalizar los enojos por vías diplomáticas. Para Keupü y los suyos las cosas quedaron claras: las tropas chilenas no permitían el ingreso de las argentinas al oeste de cierta demarcación.
Por el Tratado de 1881, los dos países habían acordado que la frontera entre ambos se fijarían sobre las más altas cumbres que dividen aguas, pero vaya ironía, en las actuales provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, los únicos que sabían por dónde pasaba esa línea eran los baqueanos del pueblo agredido por ambos ejércitos. Entre otros factores, esa ignorancia hizo que alrededor de 10 soldados de los dos bandos, perdieron la vida, exactamente 140 años atrás.
Fuente: El Cordillerano
Por Adrián Moyano
Los dos ejércitos ultimaban la conquista del territorio mapuche. Buenos Aires y Santiago habían acordado los futuros límites en 1881, pero dos años después, nadie sabía por dónde pasaban
A raíz del desconocimiento del territorio que los dos ejércitos pretendían suyo a pesar de tener que conquistarlo, tropas de Chile y la Argentina protagonizaron un tiroteo en inmediaciones la laguna Icalma, que después de la demarcación, quedó del lado chileno. Como consecuencia, los partes militares apuntaron siete caídos chilenos y otros tres argentinos. En Buenos Aires y Santiago se pidió ir a la guerra, pero finalmente, la diplomacia prevaleció.
El enfrentamiento que tuvo lugar el 17 de febrero de 1883 tuvo unos condimentos desde la perspectiva chilena, que el coronel argentino Díaz omitió mencionar en sus partes. El día anterior, supo el comandante del fuerte Lincura "que a las inmediaciones de la laguna de Galletué se encontraban acampadas tropas argentinas, arrebatando algunas familias del Cacique Quipo y que éste, con cien mocetones se aprestaba para repelerlo y defenderse", según cronistas del Ejército de Chile.
Para el teniente Domingo Rodríguez, la preocupación se redujo a evitar "un conflicto entre los indios y la tropa argentina en territorio chileno", según la reconstrucción de un militar chileno. Con ese ánimo, partió al frente de 30 soldados hacia donde suponía que se encontraba la partida argentina, con la intención de pedir su retiro hacia el límite o bien, averiguar por qué se encontraba en su jurisdicción. Al encontrarse las dos fuerzas, Rodríguez ordenó al alférez Norambuena que fuera a parlamentar con el jefe argentino. A pesar de la bandera blanca, los hombres de Díaz abrieron fuego cuando el joven oficial apenas se había distanciado 30 metros de sus filas.
Con la primera descarga, cayeron dos efectivos chilenos, de manera que Rodríguez ordenó responder y el combate quedó entablado. Parcialmente protegidos por las escabrosidades del terreno, los argentinos sorprendieron a los chilenos expuestos, mientras se desplazaban por un arenal. "Varios grupos de indios armados de lanza estaban a los flancos de los combatientes, esperando que terminara el combate para hacerse cargo de los despojos", según interpretó Leandro Navarro Rojas, el historiador militar trasandino que utilizamos como fuente.
Keupü (el Quipo del parte) y sus guerreros debieron observar atónitos cómo sus perseguidores de ambos bandos, se cocían a tiros entre ellos. Rodríguez hizo calar bayonetas, pero advirtió que una carga frontal tenía pocas posibilidades y ordenó la retirada, después de sufrir seis muertos y tres heridos. Calcularon los chilenos en tres a las bajas mortales entre los argentinos, más un número indeterminado de heridos.
Efectivamente, casi toda la caballada del coronel Díaz, quedó en manos de los lanceros que presenciaran el insólito entrevero. Al conocerse los acontecimientos en las ciudades argentinas y chilenas, las respectivas opiniones públicas se escandalizaron, pero finalmente los gobiernos acordaron minimizar el derramamiento de sangre y canalizar los enojos por vías diplomáticas. Para Keupü y los suyos las cosas quedaron claras: las tropas chilenas no permitían el ingreso de las argentinas al oeste de cierta demarcación.
Por el Tratado de 1881, los dos países habían acordado que la frontera entre ambos se fijarían sobre las más altas cumbres que dividen aguas, pero vaya ironía, en las actuales provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, los únicos que sabían por dónde pasaba esa línea eran los baqueanos del pueblo agredido por ambos ejércitos. Entre otros factores, esa ignorancia hizo que alrededor de 10 soldados de los dos bandos, perdieron la vida, exactamente 140 años atrás.
Fuente: El Cordillerano

