Géneros

Día del Periodista: las mujeres protagonizan cambios y luchan contra la censura

Por Lola Sánchez

Como cada Día del Periodista (7 de junio), las y los trabajadores ponen de manifiesto sus logros y problemáticas. En la Argentina actual prima la precarización, los ataques y la censura, aunque también se revelan nuevos desafíos a la luz de cambios significativos. Hoy las mujeres periodistas protagonizan resignificaciones hacia adentro del oficio, desafiado por nuevos contextos, agendas plurales y la crisis del papel. En esta fecha, urge discutir la situación de las trabajadoras en todo el país, que no es ajena a una problemática mundial de marcadas brechas de género. A pocos días de llevarse a cabo la novena edición del Ni Una Menos en Argentina (un movimiento fundamentalmente promovido por trabajadoras de prensa) el rol de las periodistas feministas pone de manifiesto la problemática vigente de la libertad de expresión y la falta de igualdad en los medios.

En 2018, el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), con el apoyo de Google News Initative, realizó un estudio para conocer la situación laboral, el rol profesional y la perspectiva de crecimiento de mujeres periodistas de todo el país. La investigación buscaba conocer qué condicionantes de género sufren las mujeres en la industria periodística, si ganan menos que los varones, quiénes lideran los espacios de medios y si la visión de las mujeres está incorporada en las coberturas cotidianas.

Los resultados revelaron serias problemáticas en relación a la precarización, la falta de oportunidades y la violencia laboral, además de reflejar un ámbito fuertemente marcado por el liderazgo masculino, situación que se repite a niveles regionales y locales.

Las conclusiones generales apuntan a la ausencia de paridad entre hombres y mujeres en las oportunidades laborales, y a la "doble sensación de incertidumbre" de las mujeres respecto a los medios: vinculada a la dinámica del mercado de trabajo y a las dificultades para vivir del periodismo, y otra vinculada a los cambios en el sistema de medios y los nuevos perfiles de audiencia.

Los datos sobre la situación laboral no escapan a las brechas de otros ámbitos profesionales ni a las propias condiciones precarias del periodismo: según el informe, el 61% de las mujeres periodistas (de un total de 405 encuestadas en todo el país) tienen más de un empleo para poder sostenerse y solo un tercio piensa que tiene posibilidades de crecimiento en su trabajo

Por otro lado, señala que sólo el 12% de las encuestadas ocupa un cargo de decisión (dirección, gerencia o jefatura) dentro de las organizaciones periodísticas. El 71% trabaja en medios cuya mesa directiva está integrada por varones.

También se registraron altos niveles de desempleo para las trabajadoras menores de 26 años (68%), un alto nivel de pluriempleo (61%), y un número muy bajo de trabajadoras que creen que tienen posibilidades de crecimiento en su trabajo (37%).

Ninguna de estas condiciones tiene que ver, como se argumenta frecuentemente desde el sentido común, con la falta de capacitación y profesionalismo. De hecho, se estima que un 64% de los egresados de las carreras de Comunicación son mujeres, pero sólo un 37% de este grupo ingresará a algún medio, y un número mucho menor logrará estar en un puesto de alta jerarquía.

En concreto, la distribución desigual se expresa en tres niveles: en los beneficios, en la cadena de mando y en el prestigio.

Estudios en el mismo sentido que se interrogan sobre el rol de las mujeres en las industrias periodísticas locales y provinciales llegan a conclusiones generales muy similares, aunque el reclamo por estudios más profundos en torno a la situación de los periodistas -y en particular, de las mujeres- está vigente, en un contexto en el que los datos duros no siempre están a la mano.

Las periodistas impulsan en Ni Una Menos: nuevas agendas y desafíos

El 2015 fue un año clave para los movimientos feministas, que protagonizaron la agenda regional con el movimiento Ni Una Menos, y la visibilización masiva de una problemática que no era nueva: la violencia de género. La acción coordinada de activistas y profesionales logró que en la última década se impulsaran numerosos cambios institucionales y culturales en pos de la equidad. Un gran número de mujeres periodistas de todo el país se vio comprometida doblemente con esta causa, porque muchas integraron y cubrieron el movimiento, y además, porque generó cuestionamientos sobre la actividad periodística y la falta de perspectiva de género en las coberturas.

"Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales... mujeres, todas, bah... ¿No vamos a hacer nada? NOS ESTÁN MATANDO", denunciaba el tuit de la periodista Marcela Ojeda el 11 de mayo de 2015, menos de 140 caracteres que cristalizaban una sensación generalizada. El tuit interpeló a varias mujeres, muchas de ellas periodistas, que veían con preocupación la escalada de la violencia machista. Al movimiento se sumaron luego Florencia Etcheves, Hinde Pomeraniec, Valeria Sampedro, Ingrid Beck, Marina Abiuso y Soledad Vallejos, la abogada y comunicadora Ana Correa, y la politóloga y guionista Micaela Libson, entre muchas otras personalidades destacadas de distintos ámbitos.

El movimiento de las periodistas abogaba por acompañar esos reclamos e interpelar la propia práctica periodística, así como el rol de los medios en la construcción de otras narrativas. Un año más tarde, los medios replicaban las fotografías de Lucía Pérez, la adolescente asesinada en Mar del Plata, lo que llevó a que en Argentina se realizara el Primer Paro de Mujeres. En los medios, se veían coberturas respetuosas, pero también circulaban imágenes morbosas y desinformaciones que buscaban indignar a los lectores, como el dato falso replicado por varios medios hasta la fecha que indicaba que Lucía había sido empalada, y fue luego desmentido por autoridades judiciales.

Del 2015 a la fecha se desplegaron numerosas acciones, decálogos, conversatorios, encuentros y manifestaciones públicas para asegurar las buenas prácticas en relación con la violencia de género, así como para impulsar la participación de mujeres en tanto productoras y protagonistas de las noticias, un camino que sin dudas ha tenido avances, aunque parciales.

Al mismo tiempo, el trabajo de periodistas de género ganó mayor visibilización, aunque no sin represalias: casi la mitad de 900 mujeres encuestadas para un estudio de la UNESCO sobre la violencia digital reconoce que la cobertura estos temas es el principal desencadenante de agresiones en línea.

La mujer (periodista) en el espacio público: oportunidades y resistencias

Los ataques públicos contra las periodistas de género de larga trayectoria provocaron, en los últimos años, que algunas profesionales se vieran obligadas a bajar el perfil o abandonar la profesión. El caso más reciente es el de la periodista feminista Luciana Peker, quien anunció a finales del 2023 que se exiliaba de la Argentina ante la imposibilidad de continuar su labor periodística frente a las violencias sistemáticas por parte de grupos de derecha, tendencia que se fue agudizando durante las campañas presidenciales.

"Me voy porque estoy amenazada por mi trabajo, por denunciar abuso sexual. La situación no deja de crecer: publicás algo y te responden directamente con stickers o fotos de armas disparándote", expresaba la periodista su última columna de género en Radio con Vos. Una reacción que tenía que ver con la postura que tanto Peker como otras activistas venían sosteniendo desde el 2019, y apuntaban al recrudecimiento de un movimiento de derecha, con un gran foco en los ataques contra mujeres y diversidades, panorama que fue tomando forma en la medida en que la campaña presidencial libertaria se hizo eco en el ecosistema mediático, y que culminó con el triunfo de Javier Milei.

Otro caso resonado es el de Manuela Calvo, periodista riojana que durante 2022 sufrió varias amenazas y persecuciones por cubrir un caso de abuso sexual infantil. La comunicadora ya venía denunciando casos de pedofilia y revinculaciones forzosas por parte de la Justicia provincial. Fue denunciada y censurada al exponer públicamente el caso de la Niña Arcoíris, una menor víctima de abuso sexual intrafamiliar.

"La Rioja es una provincia muy conservadora en la que el movimiento de mujeres crece con mucha fuerza. Las pibas que empezaron a copar las calles, lograron visibilizar muchas problemáticas y cada vez somos más las que nos paramos frente a las injusticias, No es casualidad que a mí me allanaran a dos días de la marcha multitudinaria del 3J y tampoco que este año la convocatoria se haya duplicado", expresó en 2023 en una entrevista.

En toda la región, las periodistas son un blanco constante de agresión. "Si bien las mujeres periodistas enfrentan los mismos riesgos que sus pares varones cuando investigan y reportan sobre corrupción, crimen organizado y violaciones de derechos humanos, también enfrentan riesgos específicos por el hecho de ser mujeres y en la intersección de otras identidades como la raza y la etnia (...) Estos riesgos se enmarcan en el fenómeno extendido de exclusión de las mujeres de la vida pública", expresa la Relatoría para la Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos.

Según la Relatora para la Violencia de Género de ONU, la violencia de género digital es una problemática cada vez más frecuente y preocupante para las mujeres periodistas, quienes "no solo están más expuestas a los ataques en línea que sus homólogos masculinos, sino que también se ven obligadas a lidiar con el aumento del abuso en línea (a menudo misógino) y con contenido sexualizado y acoso".

Los informes realizados al respecto muestran que prima una cultura de silencio, en el que las periodistas no pueden denunciar este tipo de violencias o, cuando lo hacen, son ignoradas, sufriendo doblemente las agresiones: en línea y en la vida real.

La investigación "¿Es posible debatir en medio de discursos de odio?" realizada por Comunicación para la Igualdad ubicaba en 2021 a la Argentina como el país en el que más aumentó "la violencia antigénero", conformada por ataques virtuales que en un gran número de casos trascendió la esfera digital.

Pandemia, anonimato y trolls

Los casos de Peker y Calvo no son situaciones aisladas. Reflejan violencias sistemáticas y muchas veces planificadas contra estas mujeres que ocupan un rol relevante en la escena pública.

Las nuevas tecnologías abren los espacios, pero, a la vez, crean también otros espacios donde se despliegan viejas violencias. La presencia de mujeres en el espacio público digital continúa siendo problemática para grupos conservadores, una resistencia que se expresa en los ataques digitales hacia trabajadoras de prensa y figuras públicas.

Según el informe elaborado en 2018 por la Relatora Especial sobre la Violencia contra la Mujeres de la ONU, la exposición a la violencia en línea es desproporcionadamente elevada en mujeres periodistas, al tiempo que registran una correlación entre ciertos temas (especialmente agendas de género y Derechos Humanos) y el aumento de los ataques.

Los ataques tienen un tinte claramente machista, con amenazas de violencia física o sexual o el uso ilegal de imágenes para realizar deep fakes (vídeos manipulados) relacionados a algún contenido pornográfico.

El informe "Violencia en línea contra las mujeres periodistas: Instantánea mundial de la incidencia y las repercusiones" (2020) remarca la profundización de estas violencias durante la pandemia y la preocupación en torno al anonimato de los agresores.

De hecho, la mayoría de mujeres encuestadas para el informe expresaron haber sido violentadas en la esfera digital por anónimos. La proliferación de cuentas anónimas, con seudónimos o de trolls ha recrudecido la vulnerabilidad de las periodistas en el espacio público digital. El estudio señala que la falta de transparencia de los gigantes de redes sociales y la imposibilidad de los gobiernos de regular Internet hacen que el problema esté lejos de ser resuelto.

El 73% de las mujeres encuestadas (901 mujeres de 125 países) dijo haber sufrido violencia en línea. Las amenazas de violencia física (25%) y sexual (18%) se ensañaron con las periodistas encuestadas.

El 15% de las encuestadas declaró haber sufrido abusos basados en la imagen (por ejemplo, fotos o vídeos manipulados, imágenes robadas, imágenes explícitas compartidas públicamente sin permiso), mientras que el 4% dijo haber sido víctima de deep fakes (es decir, vídeos manipulados, a menudo asociados con el porno falso, diseñados para dañar la reputación), y el 4% informó de shallow fakes (es decir, vídeos o imágenes descontextualizadas, como la falsificación de la escena de un crimen) como técnica utilizada para atacarlas.

El 13% de las encuestadas afirmó haber aumentado sus medidas de seguridad física en respuesta a la violencia en línea y el 4% dijo que había faltado al trabajo por temor a que las agresiones se reprodujeran en otros entornos.

El tema que más se vinculó con el aumento de las agresiones fue el género (47%), seguido de la política y las elecciones (44%) y los derechos humanos y la política social (31%).

Apenas el 25% denunció los incidentes de violencia en línea a sus empleadores, y las principales respuestas que dijeron haber recibido fueron: ninguna respuesta (10%) o consejos como "no te ofendas tan fácilmente" o "tienes que ser más dura" (9%), mientras que el 2% dijo que le habían preguntado qué había hecho para provocar el ataque.

Este tipo de ataques sistemáticos provoca que un gran número de periodistas acabe autocensurándose (30%), dejando de interactuar en línea (20%) o impidiendo la participación del público (18%).

Las repercusiones en el empleo y la productividad (con implicaciones para la diversidad de género en los medios de información y a través de ellos) señaladas por las mujeres encuestadas incluían mantener un perfil más bajo (38%), faltar al trabajo (11%), dejar su trabajo (4%) e incluso abandonar del todo el periodismo (2%).

El Informe América

Aunque gran parte de las violencias que sufren hoy las periodistas proviene de misoginia anónima en redes, también vienen denunciando hechos de acoso, maltrato y abuso en los espacios laborales, perpetrados por compañeros y superiores, en el marco de una evolución de la industria periodística que pareciera no ir de la mano con los cambios sociales de la última década.

"Las mujeres periodistas en Argentina son sistemáticamente violentadas y la principal característica de esta violencia es que parte del interior de los propios medios donde trabajan. Fundamentalmente, son objeto de la denominada ‘violencia laboral': son una minoría en los medios, hay poquísimas con cargos de decisión (tan pocas, que hasta podemos nombrarlas), pocas veces firman sus notas y no suelen estar presentes en las sesiones de trabajo donde se toman decisiones", destaca el informe regional sobre la situación de la violencia contra periodistas en América Latina, elaborado por la ONU.

En 2021, el periodista Antonio Laje fue denunciado por maltrato laboral por parte de varias de sus compañeras de América Tv como María Belén Ludueña, Eugenia Morea, Fiorella Vitelli y Mai Pistiner. El colectivo Periodistas Argentinas compiló los testimonios de 12 mujeres y hombres víctimas del conductor y presentó la denuncia formal al INADI, que dictaminó que Laje tuvo conductas violentas, cínicas y perversas.

El Instituto responsabilizó además la actitud que tomó la empresa frente a las denuncias y la exhortó a tomar medidas a futuro para la debida contención de víctimas de violencia, en línea con lo dispuesto en el Convenio 190 de la OIT que reconoce las distintas modalidades de violencia y acoso laboral.

Los primeros testimonios contra Laje destaparon varios casos hacia el interior del canal, así como en otros medios, al tiempo que la violencia laboral contra periodistas volvió a estar en el centro del debate. Un fenómeno similar al Me Too estadounidense o el testimonio público de Thelma Fardín: relatos que movilizan e inspiran a otras víctimas a salir del silencio.

En búsqueda de otro periodismo

De acuerdo con el último monitoreo de Libertad de Expresión de FOPEA, el poder político fue el principal responsable de agresiones y ataques a la libertad de expresión de los periodistas durante el 2023, situación que preocupa a todos los trabajadores de prensa, pero que es especialmente ardua para el periodismo feminista y con perspectiva de género, objetivo de múltiples ataques de grupos de derecha.

Los peligros contra la libertad de expresión son indisociables de la cuestión de género. Además, los avances contra los derechos conquistados no pueden ser ignorados por los colectivos de periodistas feministas, lo que las posiciona en un lugar aún más vulnerable.

Parte de estos debates se han expresado en la presentación de la Ley 27635 de Equidad en la Representación de los géneros en los servicios de Comunicación de la República Argentina, en 2021. La normativa promueve la igualdad de derechos, oportunidades y tratos de las personas en medios de comunicación, sin importar su identidad de género, orientación sexual o expresión.

Además, estipula la capacitación de los trabajadores, la elaboración de informes sobre la situación en materia de género, acciones coordinadas contra la violencia simbólica y las prácticas sexistas y la creación de protocolos de prevención para la violencia laboral y de género, entre otros puntos. Es obligatoria para medios estatales; para los medios privados, si se aplica se otorgará un certificado de equidad que les dará preferencia para la asignación de publicidad oficial.

Aunque se previó un máximo de 90 días para su reglamentación, terminó reglamentándose en 2023.

Con la disolución del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades y la crisis de los medios públicos, el panorama es incierto, y no hay certezas sobre la instrumentación a futuro de esta normativa.

"Aunque el movimiento feminista y las organizaciones sociales han generado cambios sociales, con un impacto visible en las calles, esto, por ahora, no se ha traducido en cambios significativos en los medios de comunicación. La realidad evidencia que se siguen construyendo relatos desde una perspectiva patriarcal y que todavía falta mucho para que los medios de comunicación hagan eco de esta necesidad y de esta demanda, que no es más que un derecho", remarca el Informe Regional de la Relatoría de la ONU sobre la Promoción y Protección del Derecho a la Libertad de Opinión y de Expresión (2021).

Se habla, en su lugar, de pequeños cambios graduales en los medios de comunicación, en el marco de una situación latinoamericana caracterizada por "un panorama mixto de progreso, estancamiento y retroceso".

En entrevista con Cerosetenta, Luciana Peker daba un panorama de lo que puede y lo que debe el periodismo en estos tiempos: "No creo que haya que hacer solo militancia y creo que el periodismo feminista tiende a ser excesivamente militante. Hay que volver a ciertas bases del periodismo: a la investigación, a los datos, a las voces, al chequeo. Creo en las herramientas periodísticas. Dentro del feminismo la apelación es a usar más herramientas del periodismo. A investigar más, a tener mejores datos, a no caer solo en discursos académicos o activistas sino en realmente usar las herramientas más válidas del periodismo".