El juicio por la "Masacre de la calle Corro" y el alegato feminista de Patricia WalshPor Myriam Bregman
Declaró Patricia Walsh en la causa que investiga la muerte de su hermana, María Victoria Walsh, en la llamada "Masacre de la calle Corro" del 29 de septiembre de 1976.
Quizás sin proponérselo, Patricia construyó un profundo alegato feminista, reivindicando a una decena de mujeres que atravesaron una de los hechos más dolorosos de nuestra historia. Pero en su voz, aun entre lágrimas, ese relato se transformó también en una historia de resistencia.
Recordó que lo ocurrido con su hermana Vicki circuló a través de un comunicado radial que emitió el I Cuerpo de Ejército. En su caso, su pareja llegó al departamento que compartían con la edición vespertina del diario La Razón del 1° de octubre 1976. "Fueron abatidos", decía el titular.
Patricia estaba embarazada. Tenía una hija de casi tres años, María Eva, que años después también fallecería. Como madre, lo primero que pensó fue en su sobrina, "Tolita", como la llamaba su primita María Eva: Victoria María, la hija de Vicki.
Después pensó en otra mujer enorme de esta historia, su mamá Elina Tejerina de Walsh. Fue a buscarla, aunque no encontraba la forma para decirle lo que había pasado y que tenía que abandonar su casa ella también. "No sabíamos si nos estaban siguiendo, si vendrían a ese domicilio".
La llevó hasta la casa de su primera suegra, Lita Fuentes, y allí, sentadas en un sillón, le dijo que habían asesinado a Vicki. Minutos más tarde, era su propia madre quien la contenía a ella.
"La asesinaron", repitió varias veces. "Mi hermana era una mujer feliz. Quería vivir. Estaba feliz de ser mamá. La llevaron a esa situación. No quería suicidarse, fue asesinada".
Patricia relató también la larga búsqueda de la verdad; su mamá yendo a retirar el cuerpo de su hija, las piezas dispersas de un rompecabezas que con los años lograron reconstruir. A mí, personalmente, aun habiendo escuchado este relato otras veces, me estremeció la imagen de Elina entrando al I Cuerpo de Ejército para exigirle al Coronel Roualdes que le devolvieran el cuerpo de su hija; después, yendo a la morgue judicial para reconocerla; y más tarde, junto a Lita, solas las dos mujeres como todo cortejo que acompañó a Vicki hasta el cementerio de La Chacarita.
Más mujeres atraviesan esta historia. Patricia recordó también a Alicia Oliveira, la primera abogada que la acompañó en esta causa.
Los relatos se entremezclan con una crudeza difícil de soportar. Así evocó el caso de Leticia, la niña que estuvo secuestrada dos veces en la ESMA, primero junto a su mamá y tiempo después junto a su papá. Crímenes atroces de aquellos años.
¿Cuánto dolor puede resistir un cuerpo? ¿Cuántas heridas puede atravesar una vida? Patricia conoció todos esos dolores. Y, sin embargo, hoy la escuchamos enseñar a investigar, a persistir, a dar peleas que parecían imposibles y a no perder la esperanza de construir otra sociedad, con otros valores.
Para mí es un orgullo acompañarla en esta lucha.
Ni un paso atrás.
Memoria, verdad y justicia.
Por Myriam Bregman
Declaró Patricia Walsh en la causa que investiga la muerte de su hermana, María Victoria Walsh, en la llamada "Masacre de la calle Corro" del 29 de septiembre de 1976.
Quizás sin proponérselo, Patricia construyó un profundo alegato feminista, reivindicando a una decena de mujeres que atravesaron una de los hechos más dolorosos de nuestra historia. Pero en su voz, aun entre lágrimas, ese relato se transformó también en una historia de resistencia.
Recordó que lo ocurrido con su hermana Vicki circuló a través de un comunicado radial que emitió el I Cuerpo de Ejército. En su caso, su pareja llegó al departamento que compartían con la edición vespertina del diario La Razón del 1° de octubre 1976. "Fueron abatidos", decía el titular.
Patricia estaba embarazada. Tenía una hija de casi tres años, María Eva, que años después también fallecería. Como madre, lo primero que pensó fue en su sobrina, "Tolita", como la llamaba su primita María Eva: Victoria María, la hija de Vicki.
Después pensó en otra mujer enorme de esta historia, su mamá Elina Tejerina de Walsh. Fue a buscarla, aunque no encontraba la forma para decirle lo que había pasado y que tenía que abandonar su casa ella también. "No sabíamos si nos estaban siguiendo, si vendrían a ese domicilio".
La llevó hasta la casa de su primera suegra, Lita Fuentes, y allí, sentadas en un sillón, le dijo que habían asesinado a Vicki. Minutos más tarde, era su propia madre quien la contenía a ella.
"La asesinaron", repitió varias veces. "Mi hermana era una mujer feliz. Quería vivir. Estaba feliz de ser mamá. La llevaron a esa situación. No quería suicidarse, fue asesinada".
Patricia relató también la larga búsqueda de la verdad; su mamá yendo a retirar el cuerpo de su hija, las piezas dispersas de un rompecabezas que con los años lograron reconstruir. A mí, personalmente, aun habiendo escuchado este relato otras veces, me estremeció la imagen de Elina entrando al I Cuerpo de Ejército para exigirle al Coronel Roualdes que le devolvieran el cuerpo de su hija; después, yendo a la morgue judicial para reconocerla; y más tarde, junto a Lita, solas las dos mujeres como todo cortejo que acompañó a Vicki hasta el cementerio de La Chacarita.
Más mujeres atraviesan esta historia. Patricia recordó también a Alicia Oliveira, la primera abogada que la acompañó en esta causa.
Los relatos se entremezclan con una crudeza difícil de soportar. Así evocó el caso de Leticia, la niña que estuvo secuestrada dos veces en la ESMA, primero junto a su mamá y tiempo después junto a su papá. Crímenes atroces de aquellos años.
¿Cuánto dolor puede resistir un cuerpo? ¿Cuántas heridas puede atravesar una vida? Patricia conoció todos esos dolores. Y, sin embargo, hoy la escuchamos enseñar a investigar, a persistir, a dar peleas que parecían imposibles y a no perder la esperanza de construir otra sociedad, con otros valores.
Para mí es un orgullo acompañarla en esta lucha.
Ni un paso atrás.
Memoria, verdad y justicia.

