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Bayer, el luchador imprescindible: “Me siento satisfecho y respaldado”

POR MARCELO GARCÍA. Buenos Aires. EES 121

 

A los 85 años, Osvaldo Bayer consiguió arrancar las tumbas masivas de los fusilados de las manos de los estancieros más poderosos de Santa Cruz. A comienzos de diciembre, Bayer agregó la significación de ese mérito moral y un triunfo simbólico dentro de su larga lucha contra el olvido intencional de los poderosos y el paso del tiempo. Con su espíritu libertario a flor de piel se lamenta por el exilio que padeció, pero asegura con convicción militante que volvería a transitar el mismo camino que tantas satisfacciones y dolores de cabeza le trajo en la segunda mitad de su vida.

 

 

Las historias que le contaba su padre cuando sus viejos vivían en Río Gallegos y escuchaban los gritos de los peones rurales golpeados en la cárcel cercana al puerto, los lazazos en la espalda de los detenidos del ‘21 que su madre recordaba con pavor y sus profundas ansias de poner al descubierto la historia de los ocultos –tal como ya lo había hecho con la historia del anarquista Severino Di Giovanni–, lo llevaron a investigar y describir una de las mayores matanzas ocurridas en el país.

Los cuatro tomos de La Patagonia Rebelde son su obra inolvidable y ya es una herramienta para la memoria del país. Costeó la búsqueda de datos con sus propios recursos a finales de los ’60, en completa soledad y llevando a su esposa e hijos a vacacionar a las indómitas tierras santacruceñas donde él iría lentamente armando el rompecabezas que permitió sacar a la luz las huelgas y las masacres de los obreros rurales.

Polémico, agudo, provocador, audaz, intelectual y polemista brillante, escritor y militante comprometido con los suyos. Tan solo algunos de los muchos adjetivos que permiten pintar la figura y la trayectoria de uno de esos hombres “imprescindibles”.

Hoy camina más lento, se queja de los efectos que le generan unos antibióticos que toma a raíz de una infección en la rodilla. “No me dejan recordar bien las cosas”, asegura como si se tratara de un daño colateral acuñado en su peculiar prospecto.

Pero más allá de algún olvido mínimo, su espíritu sigue altivo y lleno de orgullo por la misión cumplida. Esos peones rurales que estaban ocultos en las fosas del poder, seguramente le agradecerían la tarea cumplida con una copa llena hasta el tope y acodados en la barra de algún boliche de las estepas de Santa Cruz.

Don Osvaldo está preocupado. Su compañera, con la que ha compartido 60 años de luchas, está bajo tratamiento médico y necesita de sus cuidados permanentes. Por eso él no descarta irse a Alemania –país en que se debió exiliar en el año 1975- por más tiempo que el habitual, y quizás deba radicarse en forma permanente, rompiendo su ciclo anual de cruces al Atlántico.

“Tengo tantas cosas que hacer acá; no sé cómo lo resolveré”, lanza con sincera preocupación por el regreso a la tierra que un día lo vio partir al exilio y de la que jamás se fue del todo, porque su obra quedó incrustada como las cruces en las tumbas masivas –que él mismo señaló- perduran en cada una de las estancias del sur.

 

¿Empezó a cerrar el círculo de su investigación sobre la matanza de los peones rurales?

Por fin vamos a poder abrir la tumba masiva de La Anita, algo por lo que estoy peleando desde el año 1968. Siempre que tuve entrevistas con el dueño de la estancia y de La Anónima, Federico Braun, él se negó aduciendo que no tenía nada que ver porque había nacido en el año ’40. Recuerdo que una vez le pedí que donara un cuarto de su estancia para que se hiciera una cooperativa de trabajadores de la tierra y él me miro, como se ve claramente en la película, como si le estuviera hablando en chino y me respondió que nunca había pensado en una locura así porque él se dedicaba solamente a crear fuentes de trabajo. Nunca nos permitió ni siquiera marcar la tumba en su estancia, como sí lo hicimos en todas las demás. Entonces hicimos el monumento en la ruta que une Río Gallegos y El Calafate, justo frente a La Anita; y al final terminó siendo un buen lugar porque pasa la gente en auto y se para a ver el monumento y la placa que pusimos explicando todo lo que pasó en ese lugar.

 

¿Y ahora consiguió arrancarle a los Braun las tierras donde está la tumba masiva?

Sí, él ahora aceptó donar unos 100 metros donde fueron fusilados los peones. Ahí vamos a hacer un monumento, pero además van a poder entrar los antropólogos forenses para estudiar los restos e identificar a los que allí fueron enterrados. Debe haber aprendido de esa película porque quedó muy mal con lo que dijo y la vio mucha gente.

 

Usted es un provocador.

Con inocencia se lo dije (risas)… No me cree nada, ¿no? (se le ilumina la cara con más risas)… Qué provocador… fue una pregunta honesta, provocadora, pero honesta (sigue sonriendo irónicamente).

 

¿Qué significado tiene para usted?

Para mí esto es como tocar el cielo con las manos, porque después de más de 40 años es un verdadero triunfo.

 

¿Lo siente como su máximo logro?

Creo que es mi lucha y mis libros. Después de que Isabel Perón prohibiera la película La Patagonia Rebelde, que en octubre del ’74 me dieran el ultimátum para que abandonara el país y que la última dictadura quemara mis libros aduciendo que lo hacía “por Dios, patria y hogar”, conseguir que hoy podamos entrar en La Anita y abrir la fosa común de los peones fusilados es un gran logro.

 

Cuando iba a la Patagonia a investigar se llevaba a su familia de vacaciones semi forzadas, ¿sus hijos se lo recriminaban?

Sí, me decían: “otra vez a la Patagonia”, pero les gustó mucho cuando pudieron participar en la filmación de la película de (Héctor) Olivera. Mi tercer hijo mayor actuó manejando el automóvil chiquito que va para todos lados, mi hija también y yo hice el papel del estanciero inglés que marca a los peones que iban a fusilar. Me acuerdo que en medio de la filmación Olivera me dijo que iba a pagar todos mis pecados haciendo ese papel, gracias a eso me gané muchas puteadas (risas).

 

¿Qué piensa del accionar del radicalismo durante la matanza de peones rurales?

La culpa de los radicales es tremenda, imperdonable. Cuando se hizo la sesión en el Congreso para enviar la comisión investigadora, los radicales dejaron sin quórum el recinto y no se pudo votar. Es increíble que Yrigoyen le haya dado el mando de pena de muerte por subversión al teniente coronel Varela cuando él mismo había derogado la pena de muerte tres años antes. Nunca hicieron la autocrítica ni por las matanzas de la Semana Trágica, La Forestal, ni por la Patagonia; cuando la autocrítica es un paso adelante de la democracia reconociendo las equivocaciones.

 

Yrigoyen tuvo acciones encontradas, ¿no?

A mí me dijeron algunos radicales en forma coloquial que Yrigoyen mostró su espíritu pacifista cuando mandó la primera vez a Varela al Sur para negociar con los peones y logró que se firmara el primer convenio, el que después los estancieros no cumplieron y por eso las peonadas comenzaron a ocupar las estancias. Cuando eso pasó, el embajador británico le dijo a Yrigoyen que “desconocidos han ocupado propiedades de súbditos de su majestad británica”, que eso no lo iban a permitir y que tenían listas dos fragatas en las Malvinas para desembarcar y desalojarlos. Dicen que Yrigoyen temía que los ingleses desembarcaran y no se fueran más, quedándose con la Patagonia como hicieron con las Malvinas, y que por eso lo volvió a enviar a Varela para que “termine con la huelga, de cualquier manera”.

 

¿Qué cree que llevó a Yrigoyen a tomar esas decisiones?

- Lo que pasó es que en 1917 se hizo la revolución rusa de los bolcheviques y justamente en la Semama Trágica del ’19 había un gran temor por la enorme lucha que hicieron los metalúrgicos, había mucho miedo. Lo otro imperdonable de Yrigoyen fue haber permitido la formación de la Liga Patriótica por parte del diputado radical (Manuel) Carlés, con los niños bien de Barrio Norte que decían no iban a permitir ninguna revolución bolchevique en la Argentina. El propio Yrigoyen ordenó a la policía colaborar con la Liga Patriótica en la represión obrera; como tenían tanto temor hicieron el primer pogrom atacando en el barrio de Once a los judíos que venían de Rusia porque creían que también eran revolucionarios, hasta quemaron la sinagoga en esa barriada, vea cuánta ignorancia. Lo terrible del caso es que cuatro días después de la masacre de 180 obreros en la Semana Trágica, Yrigoyen le dio las 8 horas de trabajo a los metalúrgicos.

 

¿Cómo ve al actual gobierno nacional?

Yo he pasado en mis 85 años un total de 13 dictadores militares y esta es la primera vez que veo dictadores encarcelados en cárceles comunes, además juzgados con todas las garantías. Este es un mérito de este gobierno y del anterior de (Néstor) Kirchner. Eso, la historia se lo va a reconocer. Los otros integrantes de las 12 dictaduras que yo viví, murieron tranquilamente en sus camas, jamás se les hizo un juzgamiento, cobraron sus sueldos de generales y el primer dictador (José) Uriburu hasta tiene un monumento en la plaza de Balcarce. Hay que aclarar que esto no se logró solamente con los gobiernos políticos, sino que jugó un papel esencial la lucha de los organismos de derechos humanos, principalmente de las Madres y las Abuelas, como así también de otros organismos que no se rindieron.

 

¿Cómo analiza  la ley de Medios?

También es un paso muy importante. Siempre sostuve que los medios deben ser de derecho público, y representar a intereses de cada sector de la población, propendiendo a la formación de las cooperativas de periodistas, que son los verdaderos profesionales. Me parece muy bien y muy valiente la ley de este gobierno, pero que no se queden con el 7D porque con eso solamente no alcanza. Lo otro positivo fue la devolución de los fondos de los jubilados al Estado, que (Carlos) Menen se los había dado a las empresas privadas, el dinero de nuestros viejos, también el mío que soy un viejo, no debe ser manejado por empresas privadas que quieren hacer negocio con esa plata.

 

¿Cuáles son las cuentas pendientes del gobierno?

Falta mucho por hacer. Siempre repito en mis conferencias que mientras haya villas miseria no hay verdadera democracia, porque debe ser capaz de por lo menos darles un techo digno a las familias con hijos. Falta reconocerles las tierras a los pueblos originarios, vio lo que pasó en Leleque con los Benetton. Y falta también defender la ecología, porque se siguen talando los bosques, como lo hace Monsanto, y la ecología es fundamental para el futuro de nuestras generaciones. Hay que seguir empujando. Es un gobierno que hizo cosas, pero hay que empujarlo, no hay que quedarse esperando.

 

¿Cómo se siente en esta etapa de su vida?

Muy satisfecho de haber realizado todo esto. Mire, en el año 1998 el señor Eduardo Menem le propuso al Senado de la Nación declararme “traidor a la patria” y eso no se votó así pero me declararon “persona no grata”. Sabe por qué me quería nombrar traidor a la patria, porque una vez propuse que aplicáramos lo único bueno que nos había enseñado Europa, que era la unión aduanera, y yo había propuesto que se eliminaran las fronteras aduaneras entre la Patagonia chilena y argentina. Durante 12 años no pude entrar al Senado porque estaba prohibido, hasta que (Daniel) Filmus como senador vino a verme y propuso que se sacara ese disparate total. Finalmente lo anularon y ahora me entregaron un diploma de reconocimiento. Sé que Menem no tenía mucha razón porque once universidades me nombraron profesor honoris causa, hay varias bibliotecas y calles con mi nombre en Pirámides, Calafate y Gregores. Cuando me hacen actos así, siempre digo que quienes los merecen son Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y Paco Urondo. Ellos fueron grandes escritores, muy amigos míos, asesinados por la dictadura y que no pudieron ver el éxito de sus obras.

 

¿Le queda algo por conseguir para cerrar ese proceso que usted inició hace más de 40 años?

- Va a culminar cuando el radicalismo haga una autocrítica de lo sucedido en ese momento y reconozca su responsabilidad, pero el paso de La Anita es importantísimo. Siempre había sido negado por los dueños de esa estancia.

 

¿La misión está cumplida?

Me siento respaldado y satisfecho. Me costó el exilio muy injusto y lo peor es la separación familiar. Usted sabe que estoy 3 meses allá en Alemania y 3 meses acá en Argentina, porque allá quedó toda mi familia, mi mujer, mis cuatro hijos, mis diez nietos y ahora tengo dos bisnietos. Mi mujer un día me dijo que quería quedarse viviendo donde estaban los chicos y yo acepté porque me pareció muy justo. Al principio yo viajaba y pasaba tres meses en cada lugar y ella venía cada mes y medio, pero ahora ella está enferma y debe cuidarse mucho. Quizás me tenga que quedar en Alemania para siempre porque no la quiero dejar sola, cumplimos el año pasado 60 años de casados, pero también tengo tantas cosas que hacer acá. No sé qué haré.

 

¿El exilio fue el costo más caro que pagó por su investigación?

Sí, fue lo más duro. Nos cambió la vida completamente.

 

Si hoy tuviera la posibilidad de elegir, ¿volvería a hacer lo mismo?

Por supuesto, lo volvería a hacer. Siempre sostuve que el intelectual no tiene que refugiarse en la torre de marfil y debe tener absoluta libertad para escribir, pero cuando hay problemas y la gente sale a la calle, él tiene que acompañar a su gente. No hacer como (Jorge Luis) Borges, gran escritor, pero que terminó con una condecoración de (Augusto) Pinochet, el más ordinario de los dictadores que tuvo Latinoamérica. Entonces para qué escribir tan bien, ¿para eso? ¿Para reconocer a un milico así? Para eso, no!.